La lucha por el poder
Cuatro de los cinco clubes "grandes" quieren la superliga. Una sitiación similar se vivió en Córdoba en los '50.
Una patada al tablero. De eso se tratan las renuncias masivas en la Asociación del Fútbol Argentino y la consiguiente amenaza de una escisión que parta en dos la estructura del deporte rey del país.
La situación planteada en torno a la lucha de poder de la AFA es, sin lugar a dudas, una caja de pandora de la que puede salir cualquier cosa. Y no sólo desafíos matemáticos (por aquello del insólito empate en 38 entre los 75 votantes en la elección presidencial), sino también giros imprevisibles e incomprensibles.
A sólo seis meses de aquel "histórico sufragio" igualado entre Luis Segura y Marcelo Tinelli, la realidad de hoy marca la certeza de que ninguno de esos candidatos están en carrera. Y el panorama parece conducir irremediablemente a dos de las tres salidas posibles (intervención o división), descartando la chance de unificación. La intromisión del Gobierno o el cisma abrirán el juego a otro actor: la Fifa, que definirá el papel del fútbol argentino fronteras afuera. La advertencia de Gianni Infantino, su titular, fue tajante: la intervención deja a la AFA fuera del ente rector. Pero, si hay quiebre... ¿qué papel jugaría en el caso de una fractura? ¿Con cuál de las facciones acordaría?
Allá lejos, hace tiempo. En 1931, la llegada del profesionalismo quebró en dos el fútbol nacional. A la existente Asociación Amateurs Argentina de Football, los divisionistas (con los “cinco grandes” a la cabeza) le opusieron la rentada Liga Argentina de Football. La disputa de poder fue despareja. Si bien la AAAF logró ser invitada al Mundial ‘34, tres años más tarde la LAF absorbió a los “sobrevivientes” de la primera y formó la AFA. Punto para los poderosos.
Una puja similar a la actual se produjo en Córdoba, en 1956. Belgrano, Talleres y Racing (por entonces en la segunda división local), discutieron con la Liga Cordobesa de Fútbol el reparto del poder y de la torta. El conflicto rompió la estructura de la LCF y generó la Unión Cordobesa de Fútbol, con los grandes en la cabeza. Otra vez la lucha fue desequilibrada. En pocos meses, los disidentes impusieron sus condiciones para regresar a la entidad madre y con la Academia en Primera. Otra vez el hilo se cortó por el lado más fino. ¿Historia repetida?
