La luces y sombras de la Superliga que terminó
El máximo torneo argentino que finalizó el domingo pasado tuvo aspectos positivos y también viejos vicios. Desde hoy, la atención estará en un nuevo torneo: la Copa de la Superliga.
Quedó clara la ventaja que el Racing Club de Avellaneda le sacó a los demás. Se enfocó en ganar la Superliga y lo logró. Ni siquiera dejó que la Copa Sudamericana lo apartara de su objetivo. El técnico Eduardo Coudet puso dos equipos alternativos para el cruce con Corinthians y nadie le reprochó la eliminación por tiros desde el punto del penal en el propio Cilindro de Avellaneda. El objetivo era otro.
River y Boca se consumieron en el fuego de la terrible finalísima de la Copa Libertadores del año pasado. Y después del partido de Madrid, ya no pudieron volver. En su regreso, el equipo de Gallardo perdió tres partidos seguidos en el Monumental y se quedó lejos de la punta aunque su cuarto puesto, por ahora lo deja en la fase eliminatoria para la Libertadores 2020.
En Boca, tras caer en la finalísima, se fueron los mellizos Barros Schelotto y llegaron Gustavo Alfaro y varios jugadores nuevos. Pero el equipo nunca terminó de aparecer y la solidez del Racing Club y de Defensa y Justicia lo dejó fuera de la pelea grande aunque dentro de la Copa del año que viene.
Independiente fue un canto a la irregularidad. El técnico Holan probó mucho, cambió demasiado y nunca encontró un equipo que dejara a todos conformes. La clasificación para la Sudamericana 2020 dejó gusto a poco. Por último, San Lorenzo fue decepcionante. Empezó dirigido por Claudio Biaggio, en el verano llegó Jorge Almirón y nunca pudo jugar decorosamente. Fue el equipo que menos ganó en la Superliga (sólo tres partidos) y su 22° puesto entre 26 participantes lo dice todo. Un fiasco.
Los mejores
Sin dudas, Racing Club y Defensa y Justicia jugaron muy por encima del resto de los equipos y merecieron haber sido el campeón y el subcampeón de la Superliga. Reunieron concepto, funcionamiento y buenas individualidades para llevar adelante las ideas de sus entrenadores. Después de dos muy buenos mercados de pases en los que trajo lo que debía traer sin gastar de más, Racing Club quizás tuvo mejor recambio, más peso adelante y por eso llegó primero.
Pero lo de Defensa fue notable. Su entrenador, Sebastián Beccacece, lo armó con jugadores descartados por otros clubes y su mejor partido, curiosamente, fue el que perdió 0-1 con Boca, al que apabulló en el primer tiempo. Esa derrota y la que sufrió ante Patronato en Paraná terminaron volcando el campeonato a favor del Racing Club que supo sobreponerse a las dos derrotas con River (por la Libertadores y el campeonato local) y después de haber llegado a la punta en la cuarta fecha, terminó siendo un campeón indiscutible.
Los cambios de DT
Apenas nueve de los 26 equipos de la Superliga retuvieron sus técnicos a lo largo de las 25 fechas del campeonato: Racing (Eduardo Coudet), Defensa y Justicia (Sebastián Beccacece), River (Marcelo Gallardo), Independiente (Ariel Holan), Atlético Tucumán (Ricardo Zielinski), Unión (Leonardo Madelón), Vélez (Gabriel Heinze), Aldosivi (Gustavo Alvarez) y Talleres (Juan Pablo Vojvoda -foto-). En los 17 restantes, la rotación fue altísima. Una señal de que el torneo largo no ha aplacado la voracidad resultadista de dirigentes, hinchas y algunos periodistas y que el único proyecto posible en el fútbol argentino es tratar de ganar el próximo partido. A como dé lugar. En esa locura, Colón y San Martín de Tucumán rompieron todos los récords: tuvieron cinco entrenadores, tres titulares y dos interinos. Argentinos y Tigre tuvieron cuatro, Estudiantes y Rosario Central tres y el resto (entre ellos Belgrano), sólo dos. En muy pocos casos, hubo beneficios ante tantos cambios. Tal vez, los de Néstor Gorosito en Tigre y Mario Sciaqua en Patronato sean las excepciones a esta costumbre de los manotazos de ahogado que nada indica que vaya a cambiarse a futuro.
Las decepciones de la Superliga
Talleres fue una de las más grandes. Estuvo en posición de lograr todo. Y al final, se quedó con las manos vacías. Pudo haber jugado la fase de grupos de la Copa Libertadores y se quedó afuera ante Palestino de Chile. Pudo haber entrado a la Copa Sudamericana pero perdió los últimos tres juegos y ahora depende de una serie de combinaciones para ver si entra. A la hora de la verdad, le faltó jerarquía y oficio para jugar los partidos decisivos._San Lorenzo fue otro de los equipos que sorprendió por su bajo nivel y también Huracán en este semestre.
El interior, al descenso
De los cuatro descensos decretados, tres correspondieron a equipos del interior de la Argentina. Y dos de ellos, a clubes de honda inserción popular, como son Belgrano y el San Martín tucumano. En ambos casos, las decisiones de sus dirigencias a la hora de contratar técnicos y entrenadores, y la prestación futbolística estuvieron muy por debajo de la pasión que despiertan. Los tucumanos llegaron a tener cinco técnicos en la temporada y bajaron dos fechas antes. La “B” dio pelea hasta el final, con Diego Osella por Lucas Bernardi en la dirección técnica pero, salvo en aquel 3-0 a Patronato en Alberdi, nunca entregó indicios optimistas. Con menor arrastre, tampoco San Martín de San Juan pudo levantar cabeza. Siempre estuvo complicado para mantener la categoría y nunca pudo hacerse fuerte de local (perdió cinco de 12 partidos). Tigre, de gran remontada final, completó el cuarteto de descendidos. Patronato zafó con el corazón en la boca y Gimnasia y Esgrima La Plata y Argentinos Juniors se salvaron poco antes del final, pero cortarán clavos para hacer lo mismo en el ciclo 2019/2020 de la Superliga.
Las figuras
Quince años después de haber sido el goleador del Torneo Apertura de 2004 con 12 tantos, a los 35 de edad Lisandro López volvió a ser el máximo artillero de un campeonato: marcó 17 goles en esta Superliga. Pero por encima de todo, fue el referente y el ídolo mayor del Racing Club campeón. El espejo al que todos miraron dentro y fuera de la cancha. Esa centralidad lo convirtió en el jugador más destacado del torneo. Desde lo futbolístico y desde lo emocional también. Por detrás del "Licha" se asomaron otros valores: Matías Zaracho se afirmó como un mediocampista todo terreno en la Academia y una opción para considerar en la media cancha de las futuras selecciones nacionales. En Defensa y Justicia, Lisandro Martínez mostró su capacidad para ocupar los cuatro puestos del fondo y al igual que Domingo Blanco logró que Lionel Scaloni lo convoque para la última ventana de amistosos de la Argentina. Leonel Miranda, por su equilibrio, y el paraguayo Matías Rojas por su pegada y movilidad, también resaltaron en el Halcón de Florencio Varela, que fue el escolta del campeón Racing.
Los árbitros
Otra vez fueron el centro de todas las miradas. Y no por su calidad técnica o el acierto de sus decisiones. Todo lo contrario. Algunos errores clamorosos, irritantes dualidades de criterio, una conducción vacilante de los partidos y un manejo discrecional de las decisiones disciplinarias restaron credibilidad y confianza a la tarea de los árbitros y renovaron sospechas de parcialidades que jamás podrán ser comprobadas.
Desde la conducción de la Dirección de Arbitraje de la AFA que ejerce Federico Beligoy, tampoco se emitieron las mejores señales. Hubo dudas en cuanto a la transparencia de las designaciones y su tolerancia con las sugerencias y/o órdenes que bajaron desde las más altas esferas del fútbol. El doble rol de Beligoy, que también es el secretario general de la Asociación Argentina de Arbitros, sumó complicaciones en un escenario turbio donde salvo Néstor Pitana, por los dos mundiales que dirigió, y en menor medida Patricio Loustau, todos los demás están cuestionados. Y lo seguirán estando.