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La fortaleza sigue intacta

El equipo de Rebottaro volvió a hacer anoche del Chateau un fortín infranqueable. Venció por 2 a 1 a Libertad de Sunchales.

21 de febrero de 2010 a las 10:20 a. m.
Javier Flores
La fortaleza sigue intacta
Talleres logró dar vuelta el partido y su gente se fue feliz (Foto: Sergio Cejas).

La fortaleza sigue intacta. A lo Talleres, con los dientes apretados y los sueños postergados, pero el equipo de Rebottaro volvió a hacer anoche del Chateau un fortín infranqueable.Con su triunfo 2-1 frente a Libertad, el noveno en 11 partidos jugados en el Estadio Córdoba, la "T" volvió a la punta de su zona, pero lo hizo acatando un imperativo tan viejo como el fútbol, pero más cierto en el Argentino A que en otros torneos: la necesidad de ganar todos los puntos como local. En este torneo, en el que sumar de a tres puntos afuera es casi una quimera, Talleres los sigue acumulando; a los ponchazos y sufriendo cual condenado a la silla eléctrica, como anoche, pero suma y sigue.

Ayer unas 15 mil almas albiazules padecieron como en el purgatorio y desde muy temprano. A los 14 minutos, con el gol de Cejas, Libertad comenzó a marcarle la cancha y a recordarle que en el campo de juego había 44 piernas y no sólo las 22 locales. Hasta el puñado de hinchas “matadores” de la filial Neuquén quedaron pasmados por la sorpresa.

En ese primer tiempo los nervios que trasuntaba Talleres en la cancha se proyectaron hacia las tribunas. Su hinchada abnegada volvió a apoyarlo y no dejó de alentar, pero con evidentes muestras de preocupación e intranquilidad, imaginando un nuboso horizonte para lo que vendría después, cuando el árbitro Facundo Díaz marcó el final del primer tiempo.

En tres minutos cambió todo

Llegó el complemento. Pasaron 5, 10, 15, 20 minutos y el empate no llegaba. “La Banda está loca...”, gritaban nerviosos los hinchas desde la popular norte, esta vez con todo los trapos, ya que la Policía y el Cosedepro permitieron, después de varios partidos, que entraran todos los lienzos, banderas y bombos, sin distinción de tamaños. Talleres iba, iba e iba, y la pelota nada, nada y nada, seguía esquiva y renuente a meterse dentro del arco de Abbadíe.

La "T" estaba cada vez más cerca. Tenía tres delanteros en el rectángulo con el ingreso de Solferino por Galíndez, pero Pereyra hacía una de más, Sacripanti se demoraba en definir, las imprecisiones se multiplicaban y la impaciencia general seguía creciendo.

Pero llegó el minuto 26 y el goleador del equipo que moraba en el banco, Solferino, metió el pecho, encaró por derecha y desató la explosión de la multitud con el empate. Chau "depre", adiós angustia y a escribir otra historia, que arrancó tres minutos después, cuando lo bajaron a Pereyra en el área y el juez marcó el penal.

Lo ejecutó Aranda en medio de amagues y la pelota entró como pidiendo disculpas, tras pegar en el pie del arquero sunchalense, con la misma tinta de incertidumbre con la que Talleres había redactado las páginas anteriores. Como para certificar que anoche debía sufrir, como efectivamente sucedió.

De la desazón a la euforia

Pasó de la desazón a la euforia, de las tinieblas a la claridad y de las dudas a las certezas en apenas tres minutos. Por eso Talleres vive en la cancha como lo hace fuera de ella: sufriendo.

Todos los estados de ánimos, todos se vieron anoche en el Chateau, ese bastión que todavía ningún equipo “extranjero” puede voltear, aunque, es cierto reconocerlo, al equipo cordobés le cuesta cada vez más sostener.

Pero a ellos, los hinchas, esos que todavía sienten la bronca por el descenso al Argentino A y la impotencia por los palos que recibieron en Santiago del Estero, poco les importa. Ellos festejan y ya piensan un poco más allá del miércoles, cuando visiten a Unión, el otro equipo sunchalense. A la vista está nada menos que Racing.

"¡Volveremos a Primera!", cantaron una y otra vez, con la alegría,efímera por cierto, de otro triunfo en casa, pero alegría al fin de cuentas.