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La decadencia del imperio

07 de agosto de 2014 a las 12:36 p. m.
La decadencia del imperio

El partido jugado el último fin de semana a estadio lleno en Estados Unidos, más exactamente en Michigan, entre Real Madrid y Manchester United, con 110 mil espectadores entusiastas, sumergió una vez más en la desesperanza a la columnista ultra conservadora norteamericana Ann Coulter, una mujer que durante el Mundial de Brasil ganó notoriedad al afirmar que detesta el fútbol, y que está lanzada en una campaña para disuadir a sus compatriotas de apasionarse por este deporte diciendo que es un juego de niñas.

Potencia en declive. Siguiendo esta línea de pensamiento advirtió que el interés creciente de los norteamericanos por este deporte es un indicio de "decadencia moral de la Nación", ya que a su criterio necesitan de sus rudos y ancestrales deportes nacionales, como el futbol americano, la cacería de búfalos de a caballo, las competencias de hacheros, los duelos a revólver y la captura de zarigüeyas a mano limpia.

En otras palabras, Coulter previno que el fútbol está “ablandando” a la potencia del norte, como siglos atrás el creciente interés por la manicura y los cortes de pelo debilitó a los espartanos hasta hacerlos sucumbir.

Según los cálculos de esta militante conservadora, en un lapso de 20 años, y por culpa del apasionamiento por el fútbol, virus que llega de la mano de la inmigración latina (otra de sus obsesiones), Estados Unidos se va convertir en un país futbolero tercermundista. “Se van a endeudar los clubes y eso va a llevar al endeudamiento externo del país, va a haber fondos buitres en Argentina y vamos a tener que resolver problemas en el juzgado del juez Oyarbide. Y seguramente nos van a garcar como ahora nosotros los garcamos a ellos”, anticipan desde el entorno de Coulter. “Dejaremos de invadir otros Estados y en una pocas décadas seremos intervenidos militarmente por países como Honduras. Y todo por culpa del fútbol”, agregan con preocupación.

Para sustentar sus argumentos, desde el entorno de Coulter sostienen que si se bucea un poco en la historia, se llega a la conclusión de que fue el fútbol y no el teatro, ni las multitudinarias orgías imperiales, lo determinó la decadencia y caída Roma, desde el mismo momento en que sus soldados se lanzaron a organizar torneos inter-legiones, con las cabezas decapitadas de sus prisioneros.

El tema da para largo, porque esta novedosa línea de pensamiento permite advertir con claridad que la pasión por el fútbol, y toda la energía, el tiempo y el dinero que insume, impidieron que países como Uruguay o Ecuador pudieran llegar a potencias mundiales y mucho menos articular vastos imperios ­coloniales.

“Si en lugar de jugar al fútbol todo el día los uruguayos se hubieran dedicado a conquistar otros países y expoliarlos económicamente, otra sería la distribución del poder en el mundo”, afirma el especialista oriental en geopolítica Washington Teg.

Para los impulsores de la Teoría del Fútbol Corruptor, hasta el momento la única excepción a la regla es Alemania (Inglaterra y Francia ya perdieron sus imperios coloniales por culpa de la redonda), que es campeona del mundo y a la vez la locomotora económica de Europa, pero para estos teóricos es cuestión de tiempo para que el fútbol la lleve a la decadencia como país “y los alemanes terminen en prácticas de canibalismo”.

Están a tiempo. Desesperada por torcer el rumbo de la historia de su país y evitar su decadencia, Coulter sostiene que Estados Unidos debe recurrir a estrategias que alejen a sus ciudadanos del fútbol y los acerquen a las ancestrales disciplinas deportivas y recreativas de su país, para lo cual plantea:

–Invadir un país del Tercer Mundo (a elección) para el próximo Mundial de Rusia de 2018, y brindarle amplia cobertura televisiva, para así desviar la atención de la teleaudiencia norteamericana de los estadios rusos.

–Promover el resurgimiento de Ku Klux Klan para que les quite socios a los ­clubes de fútbol. De esta forma el pueblo norteamericano reeditará viejas prácticas como vestirse con capuchas, erigir cruces en llamas y perseguir gente no blanca.

–Como muchos norteamericanos ya se están aburriendo de comprar y disparar con fusiles automáticos, se deberá incentivar la pasión nacional por las armas permitiendo la venta de cañones de corto y mediano alcance a particulares, para que los puedan disparar en ­zonas descampadas.

–Afirmar que se volvieron a encontrar pepitas de oro en California, para de­satar nuevas y masivas fiebres de oro que alejen a los norteamericanos del fútbol.

Los próximos años serán decisivos para determinar si Estados Unidos pudo zafar del temible virus del fútbol.

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