Instituto y un nuevo empate: la paciencia se acaba
Tibio empate. La Gloria apenas igualó 1-1 en Alta Córdoba con Villa Dálmine. La entrega no tapó el juego deslucido y la gente despidió al equipo con silbidos.
El partido terminó con las pulsaciones a mil. La histeria de la gente pidiéndole al arquero Lucas Hoyos que jugara rápido para tener un ataque más. Llegaron los 48 minutos del complemento y el pitazo final de Mauro Giannini terminó con las ilusiones de los hinchas de Instituto de ver una victoria de su equipo.El 1-1 de anoche con Villa Dálmine estuvo bien. Castigó al local, que jugó muy mal en el primer tiempo; y a pesar de que pudo haberlo ganado en el complemento, con la acción en que Mainero se comió el gol debajo del arco, el triunfo hubiera sido injusto.La victoria no hubiera alcanzado para tapar los errores defensivos y el mal nivel general. TemorLa actuación de Instituto pintaba para ser tan oscura como la camiseta alternativa que usó la Gloria o tan negra como el cielo de la noche de Alta Córdoba, que ya amenazaba con la tormenta. Después de la derrota con Ferro de la semana pasada (1-0, con un gol en una pelota parada), el DT Carlos Mazzola dijo que los partidos se definen por detalles. Y anoche esos detalles se repitieron: cada centro que cayó en el área albirroja desde un tiro libre fue ganado por los jugadores de Dálmine.A esta altura, con repetición de los mismos errores en dos partidos seguidos, queda por pensar que el mal nivel no es fruto de la casualidad. En el gol visitante, Walter Ferrero, en vez de dar el paso adelante y quedar en la línea de sus compañeros de la defensa, siguió a Matías Nouet, que se fue y convirtió.El nerviosismo fue contagioso. Toda la última línea, un bastión en el arranque del torneo, jugaba mal, se salteaba el medio y la pelota volaba hasta los delanteros que chocaban con la defensa rival.Apurado e imprecisoQuienes conocen el Monumental de Alta Córdoba saben de lo difícil que es jugar con la platea roja y blanca nerviosa, por el murmullo o el grito ante una imprecisión. El juego del equipo ayudaba poco para calmarla, a pesar de que iba al frente. Hasta que a los 12 minutos Magnín sacó un centro bárbaro, que Pablo Soda conectó con un frentazo inatajable contra un palo.Desahogo, fin parcial para la angustia. ¡Era el 1-1 y a buscar la victoria! Pero pasó lo increíble: al autor del gol se le "salió la cadena" y fue a dedicarles el gol a los plateístas con gestos que querían decir: "Sigan insultando, sigan insultando...". Y le hicieron caso... Una catarata de improperios cayó sobre el chico de Jesús María.El proceder de Soda es reprochable desde todo punto de vista: primero, porque no es una actitud profesional; segundo, es un joven que aún aportó muy poco para el equipo y no ha ganado nada. Para colmo, el castigo de la platea roja y blanca cargó con todo cuando "Pablito" fue reemplazado.ImpacienciaAunque apenas se hayan jugado seis de las 42 fechas del torneo, Instituto profundizó su mal presente futbolístico. Muestra poco para sus aspiraciones.Y volviendo a las urgencias que tiene la gente, que viene golpeada después de varios ascensos frustrados, el final encontró a los jugadores con los brazos en alto y una lluvia de silbido