Instituto y cómo desafiar su pasado
La Gloria irá por todo. Sabe que, más allá del objetivo de los 60 puntos, puede conseguir el objetivo de máxima.
El ruido de lanzas se sintió en el vestuario tras la victoria ante Almirante Brown. No habían estado Vismara y Favalli, y hasta el mismo Ereros, de aquella tarde mágica en Junín. Forzado por las suspensiones y lesiones, Instituto había tenido que prescindir de sus hombres más hábiles.
Sus compañeros, todos, debieron enfrentar los embates de un rival menesteroso hasta con las armas más rudimentarias para conseguir la victoria.
Esa inusual predisposición para la lucha es un signo de cambio en un plantel casi siempre adoctrinado en la cultura del buen toque, la salida prolija, la construcción ordenada y si era posible, el gol bonito. Desde Franco hasta Agüero, pasando por Kudelka y también por Jiménez, el mensaje siempre privilegió la estética y el buen gusto por sobre el zamarreo a la camiseta y el pelotazo sin destino.
Su casi impensada tercera posición, una verdadera utopía en el comienzo de este año, y el andar tambaleante de sus adversarios, a la par del suyo propio (aunque ahora con más regularidad), pusieron a la Gloria en la disyuntiva de elegir entre el buen campeonato o el mejor ascenso. Y por el cambio de discurso de las últimas semanas, y por la armadura lucida el domingo último, la opción ya ha sido elegida: como dicen los españoles, Instituto irá a por todas.
Era una prueba de fuego la que debió enfrentar ante el equipo de San Justo. La derrota ya conocida de Crucero del Norte y las mencionadas ausencias de sus jugadores más talentosos lo obligaron a recurrir a sus armas ocultas y casi nunca empleadas para pegar un puñetazo y hacer saltar los porotos de la mesa.
Ese signo de fortaleza estuvo alejado de toda pulcritud y modales suaves. La alternativa del esfuerzo apareció en quienes debían encabezar ese cambio de mentalidad para adecuarse a los nuevos tiempos.
Ya no es extraña la reiteración de Correa y de Tellechea entre los nombres subrayados al final de cada partido.
Ellos, aguerridos e incansables, algunas veces olvidados, sobre todo el primero, han sido los principales factores de esta ineludible transformación que pone a Instituto a la cabeza de un segundo pelotón, hambriento por el tercer ascenso.
Los siete partidos que le faltan jugar serán del mismo carácter épico que el que disputó ante La Fragata. Tocará los extremos en el norte del país en sus incursiones por Misiones y Jujuy, en donde enfrentará a Crucero del Norte y Gimnasia y Esgrima, y recibirá a Independiente, en su casa. Son quizá los tres ejemplos más contundentes del áspero tamiz por el que tendrá que pasar su ilusión de jugar con los mejores.
Para ello no deberá repetir el grueso error defensivo que le costó el gol ante Brown, tendrá que seguir sosteniendo con mucha más firmeza y convicción el espíritu combativo que lo caracterizó en ese encuentro; deberá tener paciencia y esperar una pronta recuperación de sus dúctiles mediocampistas y necesitará de una quirúrgica puntería y frialdad para apuntar las veces que pueda y que lo dejen, para dar en el blanco.
No será fácil para un equipo parecido a todos. La Gloria deberá extremarse para evitar los mordiscos de Crucero del Norte, Independiente, Huracán, Unión y Atlético Tucumán, algo que no pudo hacer cuando aquella jauría integrada por River Plate, Rosario Central y Quilmes le arrebató la comida en la línea de llegada.
Aquella experiencia, lejos de traumática, puede ser valiosa. Por los recientes y difíciles momentos vividos, vale la pena desafiarla.
