Instituto, sin juego ni suerte
Repite errores. La Gloria perdió 2-1 con Banfield, que aprovechó todas las fallas. En las pocas que generó, la Gloria se topó con un inspirado Santillo.
“A la suerte hay que ayudarla”, suele decirse. Quizás esa sea una de las frases que resume el presente de Instituto.
La Gloria perdió ayer 2-1 con Banfield en un partido en el que cometió varios errores y que, en las pocas pero claras situaciones que tuvo, se encontró con el arquero Pablo Santillo.
Pero no fue sólo ayer que este equipo de Darío Franco cometió errores. Tal vez el no encontrar explicaciones a lo que le está pasando a sus dirigidos sea la explicación por la que el DT no quiso dialogar con la prensa tras la derrota.
Es que, desde que comenzó el torneo, las fallas que cometen los albirrojos son reiteradas. Ayer, en el primer tiempo la visita tuvo cuatro tiros de esquina y en tres ganaron los que atacaban. Sin embargo, el primer gol llegó por un remate de Lihué Prichoda que dio en Raúl Damiani y descolocó a Julio Chiarini. Pero el segundo de Banfield, que con poco se llevó los tres puntos de Córdoba, llegó por un desacople entre el capitán albirrojo y Leonardo Sánchez.
A todo esto, la hinchada gloriosa sólo se dedicaba a alentar y, más allá del error de haber tirado tres petardos en el área del Taladro en el primer tiempo, se había portado a la perfección.
Sin embargo, en el mejor momento de la Gloria en toda la tarde (ya había llegado el descuento de Javier Velázquez y Santillo había tapado lo que era el 2-2) desde la preferencial Sucre le lanzaron un proyectil al juez de línea. Alejandro Toia decidió parar el juego por tres minutos.
En el minuto siguiente a la reanudación, Julio Chiarini se golpeó el hombro con Andrés Chávez y el cronómetro del juez corrió otros tres minutos. Así, el reloj se “comió” siete minutos, el partido se enfrió y al final la visita terminó ganando sin sobresaltos.
Con un tibio aplauso antes de un silencio casi de resignación, los simpatizantes gloriosos se retiraron del Monumental más preocupados y amargados que enojados. Y, quizás, algunas de esas sensaciones haya tenido Franco, que se retiró lento del terreno. Es que el entrenador, sin resignar su estilo, ya probó diferentes alternativas, tanto en defensa como en ataque, pero el resultado pocas veces fue positivo.
Sacando su único triunfo, Instituto no tuvo la chance de empezar arriba en el marcador, pero también es cierto que arranca dormido los partidos, aunque ayer no haya sido el caso.
En zona de vestuarios, los que salieron con ganas (o responsabilidad) de hablar fueron Damiani, Chiarini y Velázquez. El capitán, en una frase, resumió lo que le pasa a Instituto: “Como equipo nos falta un poco de todo para salir de esto”. Y está en lo justo.
La Gloria debe mejorar en todos sus aspectos si no quiere que este torneo termine siendo un año con el sólo destino de “cumplir con el calendario”.
Deberá estar más atento en las marcas en pelota detenida. Deberá defender mejor. Deberá crear más situaciones de gol. Deberá aprender a abrir defensas que se le cierren en el fondo. Y deberá saber aprovechar pelotas paradas a favor. Sólo si crece en varios de estos aspectos ayudará a que su suerte lo ayude.