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Instituto, esta historia recién comienza

La Gloria empató de local. Ante una buena cantidad de público, que renovó su ilusión y que se entusiasmó por momentos, el nuevo equipo albirrojo se presentó con un 0-0 ante Merlo en el Monumental, por la primera fecha de un largo torneo.

11 de agosto de 2012 a las 08:59 a. m.
Instituto, esta historia recién comienza
Renovada ilusión. Los hinchas de la Gloria asistieron al Monumental de Alta Córdoba y alentaron al equipo. Foto: Sergio Cejas

El ingreso de los hinchas de la Gloria al Monumental de Alta Córdoba fue lento pero sostenido, desde una hora antes del partido, pero el clima en el “Juan Domingo Perón” recién comenzó a corresponderse con la de la cálida noche de ayer a 10 minutos del arranque del partido.

Había una expectativa marcada por ver al nuevo equipo albirrojo en acción y la puesta en escena era la adecuada, aunque la ausencia de trapos en las tribunas por las medidas de seguridad que rodearon al debut frente a Deportivo Merlo, le quitaron contexto festivo. Y esa avidez se refrendó en los cantitos, por primera vez, cuando el nuevo equipo de Franco salió al terreno de juego. La primera historia de este largo torneo finalizó 0-0.

Es que rostros extraños y figuras casi desconocidas vistieron las camisetas albirrojas, pero lo que se mantenía incólume era el apoyo y la adhesión de los hinchas a un equipo que, de puro flamante, prometía más incógnitas que certezas.

Sólo Julio Chiarini y Raúl Damiani eran las referencias ineludibles de aquel plantel anterior que despertó la admiración del país futbolero y que no pudo coronar con el ascenso su estética de juego. Como nunca, los hinchas debieron recurrir a la radio para identificar a los nuevos pasajeros de la ilusión rumbo a Primera División.

Cuando advirtió que la propuesta futbolística no cambiaba –la salida desde atrás con la pelota al piso, el esfuerzo por asegurarle un buen destino y la mira siempre puesta en el arco rival– la popular albirroja comenzó a encenderse.

Con cada arranque en velocidad de Santiago Biglieri o insinuación de Javier Velázquez en el área de Matías Giordano, insultado y silbado por su pasado en Talleres, la hinchada clamaba por el gol que se demoraba en llegar.

El juego de las diferencias

Pero claro, los centros no llegaban de Franco Canever ni de Alejandro Gagliardi, y en el área de Merlo no merodeaba “Paulito” Dybala, quien seguramente habrá estado escuchando el partido por Internet en Italia. Las comparaciones eran inevitables y las referencias al equipo que ya no estaba –y que se extrañaba– también. Un juego de diferencias en el que cada uno opinaba lo suyo y con un 0 a 0 parcial que a nadie le aseguraba, todavía, un final feliz, en la noche de las miradas examinadoras y de presentación para la sociedad de Alta Córdoba.

Y antes del final del primer tiempo también hubo margen para el susto enmudecedor de gargantas cuando alguna estocada de Díaz o Lorefice encendieron una luz amarilla en el arco de Chiarini, como para certificar que Merlo también jugaba el partido.

En el complemento los hinchas empezaron a mostrar algunas señas de impaciencia y a exigirle al equipo goles y un triunfo. Una costumbre para el cuadro vistoso del torneo pasado y casi una quimera para el elenco ansioso que anoche mostraba en el césped su condición de equipo en formación, frente a otro complicado, que supo como complicarle la existencia y también hacerlo sufrir.

Así se fue acercando el final del partido, que llegó con Instituto nerviosamente lanzado a conseguir ese gol que se hizo negar, por las limitaciones propias de un equipo al que le queda mucho para andar. Al que sus hinchas deberán tenerle paciencia, mucha paciencia.