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Ignacio Falcón, juvenil de Lasallano, sueña en grande

Fue subido a la cuarta de Lasallano, pese a tener edad de quinta. Juega de volante central y sueña con vestir la camiseta de un club grande. Además, toca el bajo.

21 de agosto de 2013 a las 12:57 p. m.
Ignacio Falcón, juvenil de Lasallano, sueña en grande
Ignacio se siente como en casa cuando juega en Lasallano. (Foto: LVI)

La baja con ductilidad y toca con sapiencia, como acariciando una cuerda del bajo. Traba, pelea y cambia la cara como si le pidieran una de rock pesado.

Ignacio Falcón copa la mitad de la cancha con la camiseta de Lasallano y, en sus ratos libres, se dedica a la música junto con sus amigos del cole.

Dicen que aquello que se aprende de chico jamás se olvida. Y cuando los maestros son buenos, lo que se internaliza es de calidad.

"Me gustaría vivir de esto. Sé que necesito dar un salto de calidad y llegar a algo más competitivo", dice Ignacio.

Por eso Ignacio Falcón marca la diferencia con la número cinco en la espalda del Tricolor y con edad de quinta fue subido a cuarta: "Empecé a los 5 años, en una escuela del Padre Claret que dirigía José Luis Cuciuffo".

Los grandes espejos lo siguieron acompañando. En el 2011, Falcón integró la selección sub15 de la Liga Cordobesa y fue dirigido por otro grande del fútbol cordobés, Adrián Ávalos: “Él y Rubén del Olmo me dirigieron. Fueron personas que me marcaron”.

El año pasado, vivió un viaje de ensueño: por gestión de su tío, viajó a Europa y vio nada menos que el gol número 300 de Lionel Messi. “Entrené en Salamanca y Getafe y fui alcanza pelotas en un partido de Real Sociedad contra Atlético Madrid. Además del gol de Messi, lo vi al Mudo Vázquez”, remarca Rulo.

-¿Soñás con jugar al fútbol?

-Me gustaría vivir de esto. Sé que necesito dar un salto de calidad y llegar a algo más competitivo. Para eso voy a probarme en otros clubes y subir el escalón que hace falta.

-¿Qué dicen en casa de tu pasión por el fútbol?

-Me apoyan al ciento por ciento. Están conmigo y no quieren, el día de mañana, lamentarse por no haberme dado la oportunidad de probar suerte con el fútbol.

En el colegio dice no ser el mejor, aunque no desentona: “No me llevo materias”.

Rulo, que parece duro como el suelo de los potreros de la Liga, se afloja y recuerda a sus afectos. A sus jóvenes 16 años, la vida ya le dejó una huella.

“Lo peor que me pasó fue el fallecimiento de mi abuela materna. Tenía 10 años y se fue un día antes de mi cumpleaños”.

Hoy, Noemí y Cuciuffo lo miran desde el cielo. Él, con la casaca de Lasallano y abrazado a una pelota, sueña con su futuro mientras se acuerda de sus primeros maestros.

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