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Himno de mi corazón

02 de abril de 2015 a las 08:47 a. m.
Himno de mi corazón

La entonación de himnos nacionales antes de partidos internacionales siempre fue objeto de problemas y cuestionamientos, principalmente por la actitud de los hinchas anfitriones de silbar la canción patria de sus ocasionales rivales por razones que pueden ser deportivas, políticas, porque en alguna oportunidad fueron bombardeados, invadidos y reducidos a esclavitud por sus rivales, porque están ansiosos y quieren que empiece el partido o por simples gustos musicales (por ahí quieren escuchar algo con onda y el himno del rival termina durmiéndolos y se pierden parte del partido, sino todo)."Top ten". En este último sentido, y con motivo de la realización de los Juegos Olímpicos de Londres, el periódico inglés The Thelegraph realizó un ranking con los 10 himnos más aburridos y feos del mundo con la finalidad de advertir a los espectadores sobre lo que les esperaba musicalmente si ganaban alguna medalla atletas de países como Corea del Norte (a la cabeza de la lista), Uruguay (segundo), Grecia, España (carece de letra), Argelia, y así sucesivamente.

El molesto ranking provocó, en su momento, lógico enojos en muchos aludidos, que se manifestaron ofendidos y por vías diplomáticas solicitaron detalles del jurado que elaboró semejante lista (especialmente las identidades de sus integrantes para declararlos personas no gratas y prohibirles el ingreso a sus países).

“Para usar palabras del ministro de Economía, Axel Kicillof, esa lista fue estigmatizante”, asegura hoy el gasista matriculado Vladimir Parera, con la autoridad que le otorga ser sobrino tataranieto del autor de la música del Himno Nacional Argentino.

Por su parte, un dirigente uruguayo aseguró que desde la publicación de ese ranking, las silbatinas hacia el himno charrúa aumentaron en un 32 por ciento.

“Este tipo de publicaciones sin asidero predisponen a las rechiflas a los himnos”, afirmó.

Pero también están los hinchas que, conscientes de la pobreza musical de sus canciones nacionales, proponen cambiarlas por otras que están en desuso, y que son unos “himnazos”, por ejemplo el de la desaparecida Alemania Oriental, que no se ejecuta desde 1990 y está en virtual estado de archivo.

“El problema es que hay que cantarlo en alemán”, afirmó un aficionado colombiano, cuyo himno ocupó un lugar expectante en la odiosa lista inglesa.

De todos modos, el temor que infunden algunos regímenes decididamente belicosos hace que, en algunos partidos, los hinchas no sólo se contengan de chiflar los himnos de sus rivales, sino que por el contrario los aplaudan entusiastamente y hasta los vitoreen.

Es lo que ocurre con la célebre Marcha Patriótica Rusa en estadios de países fronterizos a Rusia.

Desde que el intimidante Putin tiene las riendas del poder y, sobre todo, después de lo acontecido con Ucrania, no sólo la escuchan en respetuoso silencio, sino que en algunos casos hasta piden que lo pongan de nuevo.

Confusiones musicales. Pero también hay otra razón de peso para terminar con la entonación de himnos durante los partidos internacionales: el riesgo siempre latente de pifiarla y poner al aire el himno equivocado.Cuando no hay bandas militares encargadas de ejecutarlos más o menos decentemente, los encargados de que suenen en los estadios son generalmente DJ que se están haciendo unos mangos extras.

Esto significa que si estos pinchadiscos tienen alguna remota idea de los equipos que van a jugar, no necesariamente conocen los himnos respectivos, por lo que existe la posibilidad de que salga al aire cualquier composición medianamente solemne.

Esto ocurrió en el reciente amistoso entre Argentina y El Salvador, en Estados Unidos, donde el sonidista norteamericano acertó con el Himno argentino, pero a los salvadoreños les clavó la canción patria de Kazajistán.

Como era de esperar, semejante composición sumergió a jugadores, hinchas y periodistas en un estado de confusión generalizada, a tal punto que la procedencia del himno recién se supo con el correr de las horas porque no había nadie en el estadio, ni en sus alrededores que pudiera identificarlo por su melodía y mucho menos por su letra.

En su descargo, el musicalizador dijo que tan mal no había hecho su trabajo porque acertó con el 50 por ciento de los himnos que le habían encargado, pero además aseguró que fue víctima de una operación de propaganda de servicios secretos de Kazajistán, que procuran que su himno sea conocido mundialmente.

Estos argumentos no convencieron a la Federación Salvadoreña, que, en contrapartida, solicitó su extradición a El Salvador, para que pase una temporada completa en el Penal de Cojutepeque donde se hacinan 800 peligrosos pandilleros de las maras.

Según los salvadoreños, después de su paso por esa prisión, nunca más confundirá el himno del país.