Fútbol, favelas y Messi: el hincha de Talleres que se fue al Mundial y se quedó en Río de Janeiro
El fútbol se respira en cada rincón de Río de Janeiro.
Hablemos de fútbol, hablemos de Messi. Hablemos de Río de Janeiro, hablemos de la Copa América. Hablemos de favelas. Entonces, hablemos de fútbol. Lo que parece un juego de palabras es más que un juego. El juego del fútbol combina esos elementos en esta ciudad de Brasil por la que transitan siete millones de habitantes.
El calor de junio pega lo que en el verano cordobés. Los conductores de colectivos urbanos son pilotos de Fórmula Uno por los vericuetos de una “Buenos Aires con playas y morros”, como para caracterizar el ritmo y la velocidad a la que se vive aquí, donde la selección argentina jugará mañana, a las 16, frente a Venezuela por los cuartos de final.

Messi de regreso en el Maracaná (donde perdió la final del Mundial 2014) es un tema en los medios de Río. Es tema en la calle. Apenas detectan un argentino, la palabra que se devuelve es “Messi”. Y, a diferencia de lo que pasaba con Diego Maradona, aquí nadie tiene mala onda con Messi.
El vínculo entre Messi y Ronaldinho, su mentor en Barcelona, y Neymar, su último gran compañero brasileño en "el Barsa", hace que el "10" albiceleste sea querible. Incluso, a veces, los cariocas parecen más argentinos que los argentinos.

Un cordobés que vive aquí, y que fue motivado por ese fenómeno Messi, hace cinco años cuenta esa atmósfera. “Al carioca le gusta el buen fútbol y, si el que juega buen fútbol es argentino, no le importa. Ya no existe la rivalidad de otros tiempos”.
El que describe el panorama es Ignacio Rosella, un cordobés de 38 años que está instalado en Río desde 2014 y que sabe de qué habla. Vive y trabaja en el lugar donde nace el fútbol de esta región: en las favelas.
Ignacio es hincha "perro" de Talleres. Por estos días, anda con la azul y blanca por las playas de Copacabana. También luce el brebaje cordobés por excelencia: el ferné. No está solo, lo acompañan amigos de la Docta que vinieron a seguir a la selección. Eso de "seguir a la selección" fue lo que lo trajo a Brasil. Su historia fue reproducida por Mundo D: "El cordobés que vendió todo para estar en el Mundial".
Vio el torneo de 2014 y se quedó. Dejó su trabajo de analista de sistemas en barrio Cofico y se instaló en la Cidade Maravilhosa. Encontró su hogar en una favela. Sin embargo, él habla de "barrios" y "comunidades". Ignacio sabe que hay un estigma: favela se asocia a violencia y exclusión. "No siempre es así. Yo vivo en la 'comunidad' agrícola y hay gente que la rema todos los días. Ahí el fútbol es todo".
Cuenta que en su comunidad, y en la mayoría, los servicios básicos, como las conexiones por TV, son clave para la masificación del fútbol y, por ende, de los jugadores que mejor juegan… o sea, Messi. "Hay niños brasileños en estos barrios que usan la camiseta argentina como si nada. También la de Barcelona", dice.

Messi es patrimonio de la humanidad futbolera y en Río se nota más que en todos lados. En el entrenamiento de ayer, en el predio del Fluminense, el club le regaló la camiseta 10 con su nombre. Además, las autoridades del Maracaná lo invitaron a dejar la huella de su pie en una explanada que sirve de museo para leyendas del fútbol brasileño. Messi destruyó la rivalidad Brasil-Argentina. Rosella, quien vive con su novia cordobesa Vanesa, lo palpa en torneos que se hacen en las favelas. Algún que otro crack que juega bien es llamado "Messi".
Este cordobés está en un asentamiento que tiene una historia particular. Su largo monólogo no acepta interrupciones.

"En esta comunidad había un hombre que se llamaba Pedro Firmino, que se encargó por sí solo de construir una canchita para que jugaran los chicos de la zona. Y ahí fundó el club Gremio Recreativo Agrícola. Hoy, esa cancha se usa para torneos de fútbol interfavelas. No sabés lo que es jugar ahí... Hay que bancársela. Se juega fuerte, los familiares son los hinchas y están pegados a la línea de cal. Ser árbitro es cosa complicada. Hay narcotraficantes, también milicianos, pero ahí dentro no se ve la violencia que uno se figura de una película".
Ese ambiente de potrero brasileño está siendo registrado por Ignacio para un documental, cuyos avances va mostrando en sus redes. Ahí se plasma lo evidente: que en Río de Janeiro hay fútbol, favelas y… Messi.
