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Fue un día Tallerista

Volvió con todo. La “T” vivió una noche mágica en su vuelta a la Boutique de barrio Jardín. Alrededor de 18 mil hinchas disfrutaron de un fiesta que incluyó a históricos del club y tuvo su correlato con el triunfo sobre Maipú por 2 a 0.

03 de febrero de 2011 a las 09:57 a. m.
Hugo García
Fue un día Tallerista

Fue un día tallerista. El regreso a la Boutique de barrio Jardín aceleró las pulsaciones del mundo albiazul, conmovió su memoria y terminó de escribir un grato capítulo de un club que quiere volver a ser lo que fue. La historia de los regresos es la que más cotiza en la "T".

Anoche todos quisieron ser protagonistas; los hinchas hicieron de todo para ganar antes el partido, agotaron las entradas para los socios, para los no socios, hicieron cola en la sede, fueron a alentar al equipo, llenaron la tribuna central en una práctica con siete mil espectadores y salieron a sacar pecho por cualquier lado.

Claro que para que todo cerrara era necesaria un correlato futbolero con un triunfo ante Deportivo Maipú, que al final sucedió con el 2 a 0.

Una vez que sucedió eso sí hubo tiempo para el festejo, para sacar cuentas de cuantos puntos lo separan de la clasificación anticipada y el sueño del ascenso a la Primera B Nacional.

Eso sí, para llegar al necesario triunfo ante Maipú, el equipo que dirige Héctor Arzubialde paseó a los 18.100 hinchas que hubo anoche en la cancha por todas las sensaciones que puede presentar un partido. Primero sufrió a Maipú y a Sebastián Coria, listo para ser efectiva la "ley del ex", pero sin correspondencia con su propia puntería ni con los atribulados delanteros "botelleros".

El hincha sufrió primero; luego se esperanzó con la gravitación de Cristian Zárate; se tranquilizó con el gol de Dalpoggetto en contra; gozó con el golazo de Emiliano Gianunzio; y pidió la goleada luego de que Aranda se perdiera el tercero en dos oportunidades. Hasta se permitió cierta soberbia de pensar en un ascenso tal como ocurrió con la cantidad de fuegos artificiales que aparecieron tras la tribuna central después del primer gol del juego.

La fiesta previa

El desfile de las viejas glorias aceleró las pulsaciones de toda la concurrencia. La aparición de Miguel Antonio Romero y de “la Chancha” Cortez conmovieron los corazones de los más viejos. Cuando ingresó Daniel Willington, Luis “Hacha” Ludueña, Mario Bevilacqua y Luis Galván provocó gran alegría en los “cuarentones” que fueron testigos del Talleres de oro y finalmente hubo lágrimas cuando recibieron su distinción Daniel Albornos, Gustavo Lillo y Diego Garay, símbolos de las últimas conquistas albiazules.

El aplausómetro contempló a todos ellos y también a Francisco "Paco" Cabasés, el histórico intendente del estadio que lleva su nombre y que a punto de cumplir 95 años tiene 14 más que la propia Boutique.

Y muchos también se acordaron de los que no están, caso Amadeo Nuccetelli, el presidente más importante en la historia de Talleres. Otros de los recordados fueron los integrantes de la familia Espinoza, quienes donaron los terrenos donde hoy se levanta el estadio albiazul.

También a la familia Lawson, fundadores del club de barrio Jardín.

Ellos que fueron Talleres extendieron una invitación simbólica para que todos los que hoy representan a la institución puedan seguir escribiendo la historia.

Los que visten de pantalón corto, léase plantel profesional, y el cuerpo técnico encabezado por Arzubialde, más los que visten de traje: integrantes del Fondo de Inversión de la “T” (Miguel Srur, Alberto Escalante, Hugo Bertinetti, Ernesto Salum, Aldo Roggio, Rodrigo y Florencio Escribano) y administradores judiciales, caso el juez de la quiebra Saúl Silvestre y los fiduciarios Gustavo Eluani y Daniel Ruffener.

Los desafíos que se vienen

El liderazgo en la Zona 2, las obras en la cancha (invirtieron casi un millón de pesos) y tener el club al día son parte de los desafíos que deben cumplirse en un camino de retorno del club a los primeros planos y de su saneamiento integral al 2014, siendo que aún debe 17 millones de pesos a sus acreedores.

Regreso, recuerdos, el necesario triunfo ante Maipú por 2 a 0 y la perseverancia de la gente cerraron una noche mágica. Un día tallerista que contempló el cruce del pasado, ese que indica de dónde se viene, las presiones del hoy, y de los desafíos del mañana.

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