Estela de Carlotto visitó la selección en Sudáfrica
La titular de Abuelas de Plaza de Mayo pasó por la concentración en Pretoria y saludó a Maradona, de quien dijo que es como un hijo.
“Apoyamos a Abuelas de Plaza de Mayo, premio Nobel de la Paz 2010”, dice un inmenso cartel pintado en el costado de la carpa donde la selección argentina atiende a la prensa.
La presidenta de la entidad de derechos humanos, Estela de Carlotto, estuvo en el Centro de Alto Rendimiento de la Universidad de Pretoria, protegida del intenso frío del martes por la campera de Carlos Bilardo, para abrazarse con Diego Maradona y recibir el saludo de los jugadores, aunque el único que se le acercó y le dio la mano fue Nicolás Burdisso. "Bienvenida –le dijo el jugador–, es un orgullo tenerla aquí".
Después, Carlotto se acercó a una de las vallas que rodean la cancha, para una improvisada conferencia de prensa, acompañada por el embajador argentino en Sudáfrica, Carlos Sersale Di Cerisano.
"Estoy muy feliz y emocionada de poder encontrarme con éste ídolo nuestro e internacional –dijo–. Me encantó la ternura de sus palabras. También le transmití el cariño de todas las Abuelas. Para mí, es un chico más, es como si fuera un hijo, de manera que tenerlo cerca es cumplir con esa imagen de que siempre estuvo con nosotras. Abrazarlo es abrazar algo muy querido, con la ternura de una abuela".
–¿Le gusta que el Mundial se juegue en Sudáfrica?–Estoy viviendo muchas emociones en Sudáfrica, que tiene cosas idénticas a la Argentina, por la lucha de su pueblo y por lo que pasaron. Es muy bueno que el Mundial sea aquí, porque los sudafricanos hicieron un esfuerzo supremo y se merecen tener esta alegría.
–¿Tuvo contactos con gente del gobierno de Sudáfrica?–No, no, gente del gobierno, no. Yo vine más que nada como representante de un organismo de derechos humanos a ver cómo está esa realidad acá, me he contactado con organismos y fundaciones, entre ellas la Fundación Mandela.
–¿Estuvo con Nelson Mandela?–No, Mandela está con un dolor muy grande por la pérdida de una de sus bisnietas y, además, con la salud muy delicada. Le mandé un obsequio, el pañuelo blanco con el amor de todas las Abuelas. Y si lo recibe, creo que le va a hacer bien.
–Está en un lugar de privilegio para obtener el Premio Nobel de la Paz. ¿Qué sensación tiene?–A veces me da un poco de miedo. No somos más que mujeres, somos viejas, nos podemos equivocar y ese apoyo que nos lleva tan arriba, digamos, es un gran compromiso. Todo reconocimiento por un trabajo es grato para el que lo ha hecho y saber que nos quieren es más lindo todavía, es un mimo muy grande. Si llega, sería muy bien recibido; creo que es un premio para la Argentina también, no sólo para Abuelas. Nosotras somos mujeres argentinas y la mujer argentina, con la presidenta de la Nación a la cabeza, hace cosas inmejorables por los derechos humanos. Pero siempre digo una frase: no hay mejor premio que encontrar un nieto.
–¿Hay un cambio muy grande entre el Mundial de 1978 y éste?–Claro, en 1978 se hacían los goles y los papás de los desaparecidos llorábamos. Mientras se hacía un gol, se apagaban los gritos de los que estaban secuestrados, torturados, desaparecidos. Es una historia que ahora está clara. Por suerte, hoy ya sabemos quién es quién y está funcionando la Justicia. Las palabras que usamos no son sólo eslóganes. Verdad, justicia y memoria es lo que va a mantener esta democracia para siempre. Con el agregado de esa frase tan argentina: nunca más.
–¿Con quién le gustaría compartirlo, si lo obtuviera? –El premio no es de Estela, ¿eh? Yo soy la canalización, la cara visible, la privilegiada, si se quiere. Pero es para las Abuelas de Plaza de Mayo, para las que están todavía esperanzadas y para las que se fueron sin encontrar a sus nietos, a los que seguimos buscando igual y para todas las mujeres argentinas.
–¿Cómo es eso del apoyo de Dalma?–Dalma ha hecho obras de teatro para el Teatro por la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo, para encontrar los nietos a través del arte. Y yo la he visto en varias oportunidades. Es una chica muy dulce, muy afectiva y muy sencilla, que demuestra su sensibilidad con hechos, no sólo con palabras.