Estábamos a punto de dejar de creer en el fútbol y apareció Atlético Tucumán
Un punto de vista a propósito de lo que dejó la heroica del Decano en tierras ecuatorianas.
Cuando más queremos dejar de creer en el fútbol. Cuando más nos hacen pensar que es una basura. Que está todo arreglado. Que los jugadores van para atrás. Que los dirigentes se la roban toda. Que los barras son los dueños de los clubes.
Cuando ya no hay esperanzas y ni siquiera hay campeonato porque hace años que el fútbol argentino es una montaña de mugre.
Cuando algunos hinchas empiezan a dudar en pagar la cuota si total nada va a cambiar. Y le están por hacer caso a su mujer cuando les dice que hace 40 años que no tienen un domingo juntos. Que no la “saca a pasear” nunca.
Bueno, justo ahí, todos nosotros estamos viendo por la tele a unos tucumanos que no llegan al partido de sus vidas pero si llegan. Con lo justo. Pero llegan.
No hay camisetas ni botines. Pero, amigos, somos argentinos y algún argentino siempre hay para hacerte la gamba. Y aparecen camisetas y botines para todos.
Olvídate que vayan a tener los apellidos de los tucumanos en la espalda. Pero ya están usando botines que les quedan chicos. Entonces salen a jugar.
Corren en la altura de Quito sin ninguna preparación ni habiendo llegando días antes como recomiendan. Les sobra el aire a estos tipos que tienen que ganar un partido con todo en contra. Y lo ganan. Mier... que lo ganan.
Entonces acá nosotros, lejos, por la tele, nos queremos abrazar con cualquier tucumano con cara de hincha del Atlético.
Y mañana iremos a pagar la cuota de socio. Y creeremos en dirigentes, técnicos y jugadores nuevamente. Acompañaremos a nuestro club aún en los peores resultados y las señoras seguirán sin domingos de familia.
Todo por estos tucumanos que no iban a llegar y llegaron al partido de sus vidas. Todo por el fútbol.