¿Es Carlos Bianchi o se parece?
El DT de Boca poco tiene que ver con aquel que supo ganarlo todo.
"Creo que Boca hizo un buen partido. Manejamos bien la pelota e hicimos un buen partido". Daba la sensación de que las palabras del entrenador de Boca, Carlos Bianchi, parecían referirse a otro partido y no al que le había ganado milagrosamente a Belgrano por 1-0 en la jugada del final. Es más, minutos antes de tal declaración, Agustín Orion había señalado lo "mal" que habían jugado y que quedaba "mucho" por mejorar. "Allá él", fue la respuesta de un Bianchi que hizo lo imposible para no hablar de por qué Boca juega con una táctica precavida que no se corresponde con el plantel que tiene y, mucho menos, con el dinero que costó.
Fue tanto el esfuerzo que hizo para evitar las referencias a las miserias de su equipo que, rápidamente, pasó a hablar de su rival. “Todos sabemos que Belgrano complica a todos los equipos”, comentó, cuando en tiempos de triunfos y gloria ni se hubiera referido a los rivales.
Está claro que no es el mismo Boca, pero tampoco es aquel Bianchi.
Está claro que no es el mismo Boca, pero tampoco es aquel Bianchi. Ese “Virrey” era el que podía resolver problemas futbolísticos, no el que ahora los fabrica. Apostó fuerte a planes únicos y permeables. Primero fue por el regreso de Riquelme y este jugó poco; luego, se jugó al fútbol de Fernando Gago, el que apenas superó lo aceptable. No tuvo opciones a ellos y en el acto defensivo, menos. No tiene salida y los “5” resultan insuficientes para recuperar la pelota. En ese marco, Federico Carrizo y Orion son los que parecen sostener todo.
Su desamparo es tan palpable como la falta de variantes tácticas, que hacen que algunos jugadores de Boca ameriten el interrogante doloroso sobre los patrones y criterios con los que llegaron y los objetivos de juego con los que Bianchi los pone en la cancha.
Aquel “Virrey” supo limitar internas al vestuario (sea riquelmistas o “anti”, fueron campeones igual), el actual no pudo evitar que sigan las diferencias con Orion. El mismo al que le adjudicaron la frase: “No sabemos a qué jugamos”.
Del celular de Dios a hacer equilibrio para que no se le consuma el crédito. De aquel gran tacticista al que ve los partidos cruzado de brazos, habla del rival para no decir lo mal que juega su equipo o le pide disculpas a la gente... ¿Es Bianchi o se parece?
