Temas del día:

Entre la opulencia y la injusticia

Sudáfrica vivió un mes de euforia, pero los problemas del país volverán luego del Mundial. Se dijo que es un éxito de África, aunque la tensión racial entre sus nativos está a punto de explotar. No se sabe qué harán con los estadios. Eso sí, la Fifa se

13 de julio de 2010 a las 11:01 a. m.
Federico Giammaría, enviado especial a Sudáfrica
Entre la opulencia y la injusticia
Ver el Mundial en Soweto. Sudáfrica mostró durante un mes las dos caras de un país subdesarrollado. (Foto: MundoD)

Pretoria. Dentro de cuatro años, el Mundial de la Fifa volverá a poner pie en un país subdesarrollado, con un amplio porcentaje de su población bajo la línea de pobreza, con altos índices de criminalidad y con problemas estructurales, como las villas, difíciles de resolver. En 2014, Brasil será Sudáfrica y lo que acaba de pasar en la Copa del Mundo de 2010 se presentará como un deja vu. ¿Valió y valdrá la pena?

El primer Mundial en África ha demostrado que las serpientes y los leones que, según la prensa inglesa se comerían a los jugadores en Rustenburgo, no aparecieron. Es más, aquella imagen estereotipada de lo que sería una Copa en el Continente Negro quedó en ridículo el mismo día que comenzó el torneo. Al contrario, todo se desarrolló con estándares más que aceptables.

Sudáfrica es la África desarrollada. Es como vivir en el Primer Mundo con impuestos del Tercero. Hoy es, para muchos africanos de todo el continente, "El Dorado", "un lugar mítico en el que los sueños y aspiraciones pueden hacerse realidad. Es la economía más grande y moderna de África y se convirtió en un imán para los millones que huyen de los conflictos y el estancamiento económicos del resto del continente", afirma el periodista Parselelo Ka Ntai, de la revista The African Report.

Pero Sudáfrica está lejos del paraíso. Tiene una tasa de desempleo que alcanza el 40 por ciento. Basta recorrer las calles de sus ciudades para ver a la gente durmiendo en las veredas, tapadas con frazadas, con cartones. Basta salir a la periferia, un poco más lejos de los barrios privados y de los modernos estadios para encontrar enormes villas (los squatter camp) de chapa y madera, con calles de tierra y baños químicos, y con niños descalzos corriendo detrás de un fútbol. Esto no es "El Dorado".

La Fifa, chochaA la Fifa eso no le importa. Joshep Blatter, su presidente, felicitó al continente (como si el Mundial hubiera sido organizado por todos). "África demostró que podía organizar la Copa del Mundo. Merece nuestras alabanzas: ha demostrado que podía organizar un evento así. Se trataba de creer en ella y de tener confianza", dijo ayer en Johannesburgo.

Algo es cierto: la organización no tuvo grandes fallas y se desarrolló sin contratiempos (sólo una demora en el aeropuerto de Durban, el día de la segunda semifinal, por un problema en el control aéreo). Además, los datos oficiales avalan la buena calificación. Se dijo que vendieron el 97 por ciento de las entradas, que se crearon 700 mil empleos temporales desde que, en 2004, comenzó la recta final hacia la Copa y que 200 mil extranjeros visitaron el país para la Copa.

Pero también es cierto que la mayoría negra (la más pobre, mucha de ella inmigrante de países como el Congo o Nigeria) no acudió a los estadios porque las entradas eran caras, que los empleos temporales acabarán con el fin del Mundial y que se esperaban más de 700 mil turistas.

¿Cuál ha sido el rédito después que el Estado haya invertido unos 4.000 millones de euros en infraestructura? “Lo más importante en un evento así es la capacidad de un país para cumplir lo que promete. Nosotros, como organizadores, tuvimos la misión de la creación de la infraestructura logística. Ahora, corresponde a las empresas y al gobierno hacer que esto sea una plataforma para futuras inversiones de las empresas que llegaron a Sudáfrica”, explicó Danny Jordan, el máximo responsable del Comité Organizador.

Para eso, entre el 26 y 28 de junio pasado, se realizó en Ciudad del Cabo un foro de CEO de todo el mundo, representantes de gobiernos del planeta y periodistas económicos. Se reunieron para discutir el “potencial” de África como lugar de futuras inversiones.

Volver a casaMientras terminan de estudiar qué hacen con su dinero, la gente debe seguir. Los sudafricanos aprenderán a convivir con los estadios, algunos nuevos y otros remodelados, que pasaron a ser parte de la geografía local. Por ejemplo, con el Green Point en en Ciudad del Cabo.

“El estadio es hermoso. Pero para nosotros es como comprar un BMW mientras nuestros hijos no tienen una casa. No tiene sentido”, decía uno de los habitantes de Khayelitshans, el township del lugar.

La construcción del mastodonte costó unos 600 millones de dólares, pero ahora no está claro el uso que se le dará. Un consorcio francés tiene un contrato para manejarlo por 10 años para realizar conciertos, algún partido de rugby y otro tipo de espectáculos. Los Shark, el equipo de rugby de la ciudad, por ahora no quiere saber nada de jugar allí... y tiene su estadio a 200 metros.

No será fácil el posmundial. Hubo alegría por vivir un evento enorme pero ayer muchos inmigrantes ilegales comenzaron a regresar a sus países, temerosos de ataques xenófobos entre negros. Sulaiman Mohamed, un somalí que vivía en Soweto, les había dicho a los medios locales que temía por su vida. “Cuanto termine el Mundial te vamos a mostrar lo qué es vivir en Sudáfrica... O te vas o te matamos”, le habían advertido.

Los locales los acusan de robarles trabajos, de quedarse con sus mujeres, de ocupar sus casas. Como él, muchos tomaron sus bártulos y se pararon al borde de la autopista M1 hacia el norte, al África profunda.

Shakira, Blatter y las vuvuzelas ya son historia y el negocio les ha cerrado. Para ellos y para los sudafricanos la vida volverá a ser lo que era.

Brasil debería tomar nota. Su realidad es parecida, como la de los países del Tercer Mundo. El Mundial 2014 debería dejar algo más que buenos recuerdos para turistas y réditos económicos para la Fifa. Eso sería un triunfo. w