En pandemia, la jugadora le dio paso a la enfermera
Julieta Abella es profesional de la salud de Córdoba, trabaja en el sanatorio Allende y juega para Atalaya. Cómo se maneja entre sus dos pasiones.
“A la epidemia la podemos combatir entre todos. Escuchemos las normativas que bajan desde la Nación. Si todas aportamos, vamos a ganar como equipo. Quedate en casa, porque yo no puedo”.
Desde el Facebook de Atalaya, las futbolistas de su primer equipo aparecían cumpliendo la rutina individual desde cada domicilio y claramente llamaba la atención el mensaje de Julieta Abella.
Es que la defensora es también enfermera del sanatorio Allende y forma parte de los profesionales de la salud, de los tantos que están en el frente de la batalla para atender a quienes presentan síntomas de coronavirus.
“Trabajo en la terapia intensiva y en la unidad coronaria del sanatorio Allende del Cerro. Cuando empezaron a llegar los primeros pacientes con síntomas de Covid-19, se atendían por la guardia. Luego se les hacía el hisopado correspondiente. Como no tuvimos casos positivos, el paciente bajaba al piso, a sala común. Atendimos muchos. Luego, se hizo una carpa para quienes iban llegando con problemas respiratorios. Para no mezclarlos con quienes estaban en la guardia por otra razón. Actualmente, estoy trabajando en esa carpa, en la que se hace la primera valoración. Ahí hay nueve consultorios. No he atendido casos positivos de coronavirus, pero tenemos todas las medidas de seguridad. Estoy con barbijo, guantes, la mascarilla y demás”, explicó la enfermera.
–¿Cómo manejaste el temor a contagiarte?
–Cuando comenzó esto, tenía mucho miedo. Vivo con mis padres, que son grandes y son personas de riesgo. Pero ahora estoy más tranquila, y le tengo respeto a este nuevo virus. En mi trabajo, nos cuidan con respecto a medidas de prevención y de atención. Hacemos capacitaciones constantes, debido a que todos los días hay información nueva. Desde afuera del trabajo, con el mismo cuidado, tomando distancia, tratando de tocar lo menos posible objetos con las manos, con mi alcohol en gel en mi bolso. Creo que ya no le tengo miedo; pero sí respeto
–¿La enfermera es antes que la jugadora?
–Creo que soy más enfermera que jugadora. Apenas surgió la pandemia del coronavirus, fui alertando a mis compañeras de Atalaya, a mis amigas y amigos ,y a la familia. Sin embargo, cuando estoy trabajando, siempre estoy hablando de fútbol y de los entrenamientos. Pero me parece que antes está la enfermera. Ahora más que nunca. Me encanta la profesión y es de lo que vivo. El fútbol es una pasión. Me siento bárbaro jugando. Pero el trabajo no me permite abocarme al 100 por ciento al fútbol.

–¿Desde cuándo sos profesional de la salud?
–Me recibí en diciembre de 2018. Ya en abril del año pasado arranqué en el sanatorio Allende. Hace casi un año.
La defensora de la Liga
Julieta contó con orgullo su carrera de futbolista, que ahora la tiene como defensora en Atalaya.
–¿Cómo es tu trayectoria?
–En Atalaya hace tres años que estoy. A principios del año pasado tuve un esguince y se me hizo crónico. Jugué poco. Me recuperé recién para las últimas fechas. Juego al fútbol desde chica, pero fui federada recién en 2012, cuando tenía 18 años. Arranqué jugando en Atalaya. Fue un grupo bárbaro, hasta que se desarmó. Entonces, pasé a Argentino Peñarol por cuatro años. Fue un ciclo muy bueno, pero no pude seguir por los horarios. Ya estaba estudiando en la Universidad. Volví a Atalaya y estoy contenta. Volví al “Depor” por la buena onda, la predisposición y el respeto que me brindaron desde el comienzo en este hermoso club. Mis compañeras siempre me apoyaron y el entrenador (Iván Lima) también, siempre adaptándose a nosotras. Fue elegido como mejor entrenador.
–¿De qué jugás?
–Ahora juego de central, de “6”. Pasé por varios puestos, incluso en el medio campo. Me gusta mucho el juego de Agustina Barroso, a quien vi en la selección argentina. Creo que me llamó la atención por el puesto en el que jugamos ambas. En la masculina, admiro a Nicolás Otamendi.
–¿Vas a la cancha?
–Soy hincha de Belgrano y me encantaba el juego de Federico Lértora.