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En la selección argentina, casi todo está por resolverse

Lo que dejó el partido de la selección ante Rusia.

13 de noviembre de 2017 a las 10:22 a. m.
En la selección argentina, casi todo está por resolverse

Jorge Sampaoli junta datos y los va metiendo en su cabeza, en un almacenamiento constante de dudas y certezas. Después de las eliminatorias y del amistoso frente a Rusia, la presunción, quizá para él y también para muchos otros, es que las únicas camisetas con dueño absoluto son las de Sergio Romero y la de Lionel Messi. Las demás tienen a varios interesados en usarla cuando la pelota comience a rodar en junio del año próximo.

Se cuestiona la línea de tres defensores por la que insiste el técnico rosarino. Su composición denota inseguridad, en número y en la poca armonía que muchas veces hubo entre sus integrantes. Tres jugadores parecen ser pocos en un equipo más preparado para atacar que para defender, uno de los cuales, Mascherano, disciplinado y obediente, cumple un rol que durante el 80 por ciento de su carrera no ejerció, porque lo suyo siempre fue otra cosa.

Frente a Rusia, esas grietas casi no se vieron, tal la escasa envergadura de su adversario, pero bien vale la pena atender las múltiples prevenciones que ya explotaron en el aire reclamando más atención en ese sector cuando los rivales sean Brasil, España o Alemania.En el medio campo el botillero bulle, mostrando a cada segundo nombres distintos. Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Sampaoli ya hicieron un generoso aporte de volantes a la ilusión de clasificar a Rusia, según su propio gusto.

La fugacidad mostró el rostro de Julio Buffarini o Erik Lamela, a la vez que la persistente convocatoria de otros jugadores que, como Ever Banega o el mismo Lucas Biglia, siempre parecen dejar margen para el cuestionamiento. En esa lista hay varios jugadores más, cuya irregularidad marca el alto grado de oscilación que también tuvo la selección en todo su recorrido sudamericano.

La ofensiva mostró pocos apellidos sólo porque es la línea del equipo con menos componentes. Bauza apostó por Parto, Martino por Higuaín y Agüero; y Sampaoli por Icardi. Ninguno de ellos, casi todos en equipos de primer nivel mundial, pudo consolidarse como referencia de ataque.

Argentina, camino a Rusia, sólo anotó 19 goles en 18 partidos, tres más que Bolivia, y la misma cantidad de Paraguay y Venezuela, ambos eliminados. El goteo muestra a Messi con siete dianas; a Gabriel Mercado, Parto y Ángel di María con dos; a Ramiro Funes Mori, Ezequiel laves, Biglia, Nicolás Otamendi e Higuaín con un tanto. Y al gol en contra del venezolano Rol Feltscher, en aquel angustiante partido en cancha de River Plate.

Esos números deben seguir haciendo ruido aun con la clasificación asegurada. Expresan, en el mejor de los casos, la impericia de los delanteros para contactarse con la red, aunque hubo encuentros en los que las situaciones de gol fueron escasas. Para revertir esa tendencia, la aparición de Cristian Pavón podría constituirse, como wing rápido y desequilibrante, en una alternativa revulsiva, nunca utilizada por ningún técnico en los últimos cuatro años, por las características del delantero nacido en Anisacate.

Con el amistoso ante Nigeria en la mira, y por la madura decisión de hacer descansar un poco más a Messi, Argentina tendrá, de aquí en adelante, dos retos: buscar una identidad que la solidifique más allá de la presencia de “la Pulga”, y por extensión, ahuyentar el escepticismo que todavía gobierna al hincha argentino sobre las posibilidades de hacer un buen torneo en Moscú y sus alrededores.

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