En el bosque de la China...
La tendencia de disputar partidos de "alto riesgo" se esparce por el mundo como las hormigas coloradas o la comida mejicana, llegando a lugares tan lejanos e impensados como Hong Kong: el choque por eliminatorias asiáticas para el Mundial 2018 entre la selección local y China disputado ayer y que terminó 0-0 y en paz, tuvo una previa con mucha tensión, al punto que durante el juego se evitó que los hinchas de ambos equipos se cruzaran en los baños.
"Si bien unos y otros son chinos, la mano venía tan pesada que una disputa trivial por una cuestión de tamaños, muy probable en baños públicos, podría haber derivado en incidentes de envergadura en el resto del estadio", explicó Kil On Bo, especialista en la prevención de disturbios del Departamento de Ocio, organismo que administra el legendario escenario de Mong Kok de la antigua colonia británica.
"Pusimos carteles en los baños que decían "chinos de allá" para los visitantes y "chinos de acá" para los locales" y dio resultado, sobre todo porque advertimos que todo aquel que intentara infiltrarse iba a ser rociado con gas pimienta como hacen con los jugadores en Argentina", agregó.
Pese a que el operativo de seguridad fue un éxito, en ámbitos de la Fifa existían serias dudas sobre si los organizadores iban a poder evitar que hinchas chinos-chinos se infiltraran en el sector honkonés y viceversa, debido al enorme parecido entre unos y otros. "Era como vigilar que no se entremezclaran cinco mil mellizos", ejemplificó undirigente europeo visiblemente influido por la escuela antropológica que proclama que todos los chinos son iguales.
Bronca amarilla. El origen de la enemistad que sobrevoló el partido de eliminatorias es político, y responde a la incomodidad que sienten los hongkoneses tras haber regresado a la soberanía china y a la violenta represión de una movilización pro-democracia en Hong Kong en 2014 por parte de la policía del régimen chino. El hecho es recordado como la "revolución de los paraguas", ya que este accesorio para protegerse de los chubascos era la única arma de la que disponían los manifestantes (ese día se comprobó que si bien son muy efectivos para la lluvia, su eficiencia es relativa frente a las balas de goma). Como si fuera poco, meses después durante un partido, los hinchas de Hong Kong silbaron "La Marcha de los Voluntarios", el himno de China.
Tal acción de repudio fue comparada a las habituales silbatinas de los catalanes al himno español, pero infinitamente más riesgosa, debido al inestable humor de los líderes de chinos. Muy apretados. Otro aspecto que acentuó el riesgo del partido fue la reducida capacidad de la sede del encuentro, el estadio Mong Kok, que sólo admite 6.000 espectadores. Si tenemos en cuenta que China tiene cerca de 1.400 millones de habitantes y Hong Kong 7,2 millones, la presión para conseguir una entrada fue tremenda y según las estimaciones más conservadoras, aproximadamente 26 millones de hinchas quedaron afuera. Para colmo, por tratarse de un partido de riesgo, fueron distribuidos 1.200 agentes, con lo que la capacidad del estadio se redujo a 4.800 espectadores. Si a eso se le suma el pulmón en la tribuna Bruce Lee, la cifra disminuyó a tres mil, con lo cual se terminó de crear el escenario más deseado por los revendedores de entradas. Pese a los temores previos, el partido se disputó sin mayores inconvenientes, salvo una nueva silbatina a "La Marcha de los Voluntarios", que parece entretener mucho a los hinchas de Hong Kong sobre todo porque no tienen himno propio (técnicamente comparten la marcha con los chinos) y los chinos no pueden chiflarles nada. "Es una situación de absoluta inequidad. La Fifa debería tomar cartas en el asunto y obligarlos a adoptar un himno propio que pueda ser silbado en los estadios de todo el mundo, especialmente los latinoamericanos, como la tradición manda", consideró un simpatizante chino todavía atragantado con la avivada de sus rivales. El clásico del Mar de la China meridional seguramente reserva nuevos capítulos de tirantez, ya que por ejemplo aún no se ha registrado la aparición en las tribunas de los duros monjes Shaolin y sus letales técnicas de Kung Fu. En la Fifa existe la convicción de que ese temido día debe ser evitado de alguna forma.