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El verano tranquilo de Belgrano

09 de diciembre de 2014 a las 03:15 p. m.
El verano tranquilo de Belgrano

Lo efímero del fútbol claudicará ante el calorcito y el receso de verano. Lo que en una etapa regular se diluía en una semana, ahora se recordará hasta mediados de febrero, cuando comience una nueva temporada.

Serán vacaciones tranquilas en Belgrano. El equipo terminó 10° el Campeonato 2014, con 25 puntos, sin diferencias entre goles a favor y en contra, y por encima de equipos como Newell's Old Boys, Vélez Sársfield y Rosario Central.

Esa imagen se sostendrá por dos meses en Alberdi. Pocos recordarán que el equipo estuvo antepenúltimo cuando promediaba el certamen, que en la 12ª fecha (derrota 3-0 ante River Plate) sólo sumaba 10 puntos y que los gestos de preocupación aumentaban en la misma medida en que los resultados no eran positivos y las bajas actuaciones individuales y colectivas eran indisimulables.

En aquel momento, Ricardo Zielinski probaba y probaba y nada parecía darle resultado. La defensa, sólida en otras épocas, hacía notar con sus errores las ausencias de Luciano Lollo y de Juan Quiroga; el medio, otrora voraz neutralizador de iniciativas ajenas, lucía híbrido, y sin mucho para aportar en materia ofensiva, dominio en el que sólo se notaban la evolución de Lucas Zelarayán y la solitaria tozudez de Julio Furch, aunque sin un buen aporte en la red.

Sin naufragar, el incesante oleaje le filtraba agua al barco pirata. Un tono quejumbroso parecía hacer eco en las paredes del Gigante. El reclamo tenue de la gente por una pronta mejoría (con la memoria aún fresca por todo lo bueno recibido) no tardó en llegar.

Belgrano no estaba jugando bien y no sumaba puntos. En suma, no estaba haciendo una buena campaña.

Pero aquellas especulaciones en torno a una salida anticipada de Zielinski y al ciclo terminado de algunos jugadores se revirtieron por uno de los guiños intrínsecos del fútbol, ese que permite abrir un nuevo capítulo en sólo una semana, en transformar en alborada a la más alarmante tormenta.

Ocurrió el 24 de octubre pasado. Belgrano 1-Rosario Central 0. Un ajustado triunfo en la 13ª fecha inauguró con un mes de retardo el período de las flores en Alberdi. Luego llegaron las victorias ante Godoy Cruz y Defensa y Justicia, las caídas ante San Lorenzo y Tigre, y los seis puntos finales, primero frente a Arsenal y luego, el sábado pasado, ante Independiente. Cinco conquistas y dos reveses en los últimos siete encuentros. Los rostros se distendieron, la calma volvió a Arturo Orgaz y La Rioja.

Este panorama le concede a Armando Pérez y a Zielinski el beneficio de la tranquilidad para analizar el futuro. Ambos, y quienes los secundan deberán ajustar la mira y apretar el bolsillo para acertar como lo hicieron con Furch y para no errar como lo hicieron con otros.

No será fácil cuando hay tanto azar, imponderables e injusticia en un sistema perverso que sigue beneficiando la historia y no el presente. En un club que desea mantener su austeridad, suena a golpe de estado una oferta millonaria por Lucas Zelarayán, de un club casi quebrado como Independiente.

Lo cierto es que aquella turbiedad en tiempos revueltos ha dado un vuelco definitivo a la luminosidad de horizontes despejados. Heredia ha suplido bien a Juan Carlos Olave; Pier Barrios ha cumplido buenas labores en cualquier sector de la defensa; Marcos Rivadero se acopló bien al engranaje del medio campo, lo mismo que las renovadas versiones de Lucas Parodi y Lucas Pittinari en los últimos encuentros.

La suma de aportes incluye a Emiliano Rigoni, de gran potencial aunque todavía discontinuo, a la consolidación de Zelarayán como factor de desequilibrio y de grandes alegrías, y a lo que en cada momento del campeonato aportaron Furch, César Pereyra y Fernando Márquez, en un equipo que ni antes ni ahora ha parecido estar preparado para hacer muchos goles.

Este cuadro no se modificará. Los más jóvenes, lógicamente, promoverán el recambio inevitable. Algunos jugadores se irán y otros llegarán. Aun con menos puntos que otros años, la mística celeste de orden y previsibilidad (más trascendente que los propios números) no parece haber perdido su identidad.

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