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El sueño del hincha modelo

08 de enero de 2015 a las 11:46 a. m.
El sueño del hincha modelo

Debido a los hechos de violencia sucedidos en el fútbol español en los últimos meses, la Liga Profesional de España decidió adoptar algunas medidas pacificadoras antes de que todo se vaya al diablo como en Argentina, como la de prohibir los cánticos insultantes y discriminatorios en los estadios, bajo pena de suspensión de por vida a cualquier simpatizante que sea sorprendido entonándolos a voz en cuello. La normativa comprende composiciones que incluyan improperios e injurias hacia jugadores, árbitros e hinchas rivales, o hacia sus respectivas madres, hermanas, primos, tíos, etc., por orientación sexual o por motivos de raza, etnia, religión, estado de salud, apariencia, edad, grado de movilidad, etc.

Las sanciones también alcanzarían a los "insultadores compulsivos", como se define a aquellos hinchas, generalmente plateístas que, sin formar parte de una barra organizada, lanzan todo tipo vituperios por iniciativa estrictamente personal e individual hacia los protagonistas del juego durante todo el partido y ante la más mínima circunstancia. Los expertos los catalogan también como "francotiradores solitarios de insultos" y los describen como sujetos con un umbral de tolerancia muy bajo, que no pueden soportar por ejemplo una barrera mal formada, que un jugador se adelante 40 centímetros en un saque lateral o que un alcanzapelotas se demore entre entregar un balón.

Pero qué se puede y qué no se puede cantar en un estadio español sin temor a ser sancionado. En principio, la Liga Profesional está redactando el "Manual de buenas prácticas, urbanismo y comportamiento cortés del aficionado", donde quedarán establecidos que expresiones o versos permitidos a los hinchas y aquellos que quedan expresamente prohibidos.

En principio, se podrían entonar villancicos, (especialmente, hacia fin de año), salmos, himnos, etc. Mientras que las “composiciones espontáneas” dependen del tenor de las palabras utilizadas. En el capítulo “rimas hostiles”, se ponen como ejemplo las formas adecuadas y las impropias de fastidiar a un jugador durante un partido.

“La idea de hostigar a un futbolista está fuera de discusión, el tema pasa por las formas”, explica Manuel Cortés Cumplido, profesor de Buenos Modales en la Universidad Complutense de Madrid y uno de los redactores del Manual. El especialista ejemplifica con diferentes rimas referidas a la forma en que los jugadores le entran al balón, para dejar en claro qué es lo que se pretende en el fútbol español:

  • Rima 1: "José Angulo le pegas como el culo". Aquí la procacidad es manifiesta y por ende, este cántico queda terminantemente prohibido porque hiere la sensibilidad del jugador hacia quien va dirigido.
  • Rima 2: "Negrete, le pegas como el oj..". Ídem anterior.
  • Rima 3: "Villacorto, le pegas como el or.." (*). Ídem anterior.
  • Rima 4: "Cristiano, le pegas como el ano". Este verso es uno de los que está en discusión sobre si es insultante o no, ya que el término "ano" es una denominación científica del orificio del conducto digestivo por donde se expele el excremento (la comisión redactora discute sobre su autorización).

Conclusión: ¿cuál sería entonces una rima civilizada para poner nervioso a un jugador contrario?: "Rabanal, le pegas mal", responde Cortés Cumplido, con la satisfacción dibujada en el rostro.

En cuanto al control de insultos en las canchas (ya que se descuenta que algún energúmeno seguirá profiriendo agravios desde las gradas a pesar de la vigencia del Manual), científicos españoles estarían realizando ya las últimas pruebas con un sofisticado detector electrónico de agravios, conocido como el “puteadómetro” que permitirá detectar insultos apenas son emitidos, y también al insultador. Tiene la forma de un secarropas pequeño, se desplaza sobre orugas y esta dotado de una gran oreja giratoria en su parte superior que le permite captar los improperios, además esta dotado de una mano robótica para señalar (y escrachar) con un dedo acusador, al insultador.

“Es tan sensible que incluso capta un insulto aún cuando sea murmurado por el infractor”, aseguran sus inventores.

Parece mentira que haya que recurrir a la sofisticación tecnológica para imponer buenos hábitos en las canchas, algo que se habría evitado si los estadios no fueran zona liberada de civilización.(*) Se evita la transcripción completa de estos términos para no herir la sensibilidad de los lectores, debido a la carga de vulgaridad y burdez que conllevan.

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