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El nuevo árbitro del fútbol

Una nueva entrega de la columna Desde Adentro. 

05 de abril de 2020 a las 08:22 a. m.
El nuevo árbitro del fútbol

¿Cuándo volverá a jugarse al fútbol en Argentina? Quién lo sabe, aunque con el paso de los días no pocos dirigentes mirarán los pocos ceros en las cuentas bancarias de sus clubes, y atenderán esa urgencia a la hora de proponer un regreso no tan lejano de la competencia.

El fútbol, pasión de multitudes, es un elemento político importante para promover un poco de distracción entre tanto barbijo y coronavirus. Lo dejó en claro el presidente de la Nación, Alberto Fernández, al adherir a la postura de jugarlo sin público, unos días antes de bajar todas las cortinas del país para que a la pandemia no le aparecieran más tentáculos. El fútbol, por supuesto, también quedó entre rejas.

Lo primero es la salud, dijo el mandatario. Y con razón, a esa frase la repitieron todos. El fútbol, por el maldito bicho, tuvo una fuerte caída en la bolsa de valores de la sociedad, que lo extraña, sí, pero que ya ni por asomo lo considera un artículo de primera necesidad.

En Bélgica no anduvieron con vueltas. Sin haber terminado el campeonato, y en los escritorios, Brujas fue consagrado campeón. La Unión Europea de Fútbol Asociado (Uefa), atareada también por las reducciones salariales de los jugadores, propone otra cosa. Sostiene su argumento en la naturaleza propia de este deporte para que cada país de ese continente consagre al mejor. Los títulos hay que ganarlos en la cancha, aunque haya que esperar un poco más de la cuenta.

En Sudamérica, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) confía en tiempos no muy lejanos en movilizar delegaciones de un país a otro para darle un nuevo impulso a las recién comenzadas Copas Sudamericana y Libertadores. Si es por lo que ocurre hoy particularmente en Ecuador y en todo el sur de continente, ese pensamiento suena hasta obsceno.

En Argentina, todo el arco deportivo espera con paciencia y sin reclamos, incluido el fútbol, que mueve sus piezas (sus jugadores) en espacios reducidos y con indicaciones por videollamadas. Quienes supervisan sus trabajos consideran que en el mejor de los casos, entendiéndose por eso un regreso a la competencia no tan lejano, un plantel necesitaría por lo menos 15 días de preparación previa para presentar una digna condición física; y que para poner un equipo en la cancha con aire para 90 minutos también deberá contemplarse la cantidad de partidos por jugar y su frecuencia.

No será sencillo llegar a ese anhelado día. Los jugadores deberán seguir piloteando la ansiedad por no hacer lo que les gusta; los dirigentes tendrán que hacer piruetas para que las bases de las estructuras de los clubes no se resquebrajen por la crisis económica. Y los políticos esperarán estadísticas favorables que surjan de sanatorios y hospitales como para decir que la salud está en cierto modo controlada, y que la diversión y el entretenimiento deportivo tienen otra vez un espacio en la comunidad. Porque en esta historia de dolor, de muerte y de incredulidad, lo único cierto es que la virulencia del coronavirus o su atenuación serán los únicos árbitros que decidirán si la pelota vuelve a rodar, siempre que no haya público en las tribunas.