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“El Millo” se quedó con un festejo interminable

En la final más larga de la historia, River venció 3-1 a Boca y celebró en Madrid, como en gran parte de Argentina, la obtención de su cuarta copa continental.

10 de diciembre de 2018 a las 08:10 a. m.
Tomás Marcó del Pont, especial desde Madrid
“El Millo” se quedó con un festejo interminable
La selfie del "Pity" Martínez con sus compañeros. (AP)

“Ya me puedo morir tranquilo”, decía Guillermo, un hombre que viajó junto a su hijo desde La Pampa para ver la final en el Santiago Bernabéu. Se abrazaban y no pudieron contener la alegría, en medio de los festejos de River por la obtención de una Copa Libertadores que parecía no tener fin tras vencer 3-1 a Boca.

No son los únicos que desbordaban de alegría. El partido había terminado, pero la gente no se quería ir ni tampoco los jugadores. Gonzalo Martínez corría con la copa y bailaba, se arrodillaba frente a los hinchas y se sacaba selfies. “‘El Pity’ no se va, ‘el Pity’ no se va”, bajaba de las tribunas del estadio del Real Madrid, que pedía que uno de los jugadores más importantes del equipo de Gallardo no se vaya al Atlanta United, equipo de la MLS que acaba de salir campeón de la mano de Gerardo Martino.

Enzo Pérez bailaba con sus hijos y no podía ocultar el fanatismo que siente por el club, el cual lo hizo regresar de Europa para jugar en el equipo de sus amores. Juan Fernando Quintero, autor del determinante segundo gol, se arropaba con una bandera de Colombia y agradecía cuando el público coreaba su nombre por primera vez desde que llegó a River. Armani y Maidana también recibieron el reconocimiento del público y hasta Lucas Pratto, muy resistido por algunos hinchas por el precio por el que vino a River.

El festejo final de los jugadores de River en el Bernabéu. (@CARPoficial)
El festejo final de los jugadores de River en el Bernabéu. (@CARPoficial)

Pero hay dos personas que son el alma del equipo y la gente se los hizo saber: Leonardo Ponzio y Marcelo Gallardo. El capitán festejaba, saludaba a los rivales y enfocaba para el sector donde se encontraban los familiares. Saludaba y organizaba el festejo final. Juntó a todos sus compañeros dentro del círculo central para salir corriendo hacia el arco, donde los esperaba la copa tan ansiada.

Gallardo, quien no pudo estar en el banco de suplentes por estar suspendido, bajó al césped tras la consagración y apretando los puños hacia la gente descargó toda la bronca acumulada por lo sucedido en las últimas semanas. Tenía algo adentro que necesitaba sacar. Se notaba. Agarró la copa, la miró y se las ofreció a las más de 10 mil personas que coreaban el ya tradicional “Muñeco, Muñeco...”.

Nadie se quería ir. Apareció el cotillón y la fiesta parecía no tener fin. De a poco, los hinchas fueron descomprimiendo el estadio y se mudaron a la Puerta del Sol, donde los festejos interrumpían la tranquilidad del centro madrileño. Por videollamada, quienes viajaron más de 10 mil kilómetros saludaban y se felicitaban con amigos y familiares. La madrugada española en Madrid se fundió con el atardecer de cada rincón de Argentina en que se festejó este título. Para el pueblo millonario, el grito de “dale, campeón” es la excusa perfecta para unir lo que separó el océano Atlántico.

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Los mismos de siempre

A pesar de lo que se dijo en la previa sobre la diferencia entre la organización europea y la que se vive en Sudamérica, el ingreso al Santiago Bernabéu no fue sencillo. La gente debió esperar en diferentes puntos de acceso y los efectivos de las fuerzas de seguridad se mostraron reacios a la hora de esclarecer dudas.

“Me pareció que estaban muy alterados, no sé qué esperaban porque no nos trataron amablemente”, explicó Juan Ignacio, quien viajó desde Buenos Aires y llegó el día anterior al partido. “Igual que allá, se llenaron la boca hablando de su prolijidad y estuve 45 minutos quieta a dos cuadras del estadio cuando faltaba media hora para que arranque”, manifestó Catalina, cordobesa que estudia en Barcelona y aprovechó la mudanza del clásico para ver al equipo de sus amores.

La mayoría de los efectivos no estaba al tanto de los accesos, y el cacheo denotaba una paranoia injustificada. Ni los más chicos quedaron exentos de cacheos incómodos y extremadamente lentos.

No se produjeron disturbios en la desconcentración, y la parcialidad xeneize dejó la mayoría de sus asientos antes de la premiación. Por su parte, los campeones aprovecharon la alegría y continuaron con los festejos dentro del subterráneo, medio de transporte clave para recorrer Madrid.

El abrazo de Gallardo con Armani lo dice todo. (@CARPoficial)
El abrazo de Gallardo con Armani lo dice todo. (@CARPoficial)

Un Bernabéu no colmado

Si bien la final quedó con 18.000 butacas vacías, muchos jugadores sudamericanos que actúan en Europa se acercaron al Bernabéu para presenciar la final. Con Lionel Messi como principal figura, la comitiva incluyó representantes de la Premier League, la Bundesliga, la Serie A y la Ligue 1 francesa, los certámenes más importantes del continente. Gerard Piqué, Sergio Busquets y Jordi Alba también se desplazaron junto al “10” del Barcelona y recibieron el cariño de los hinchas de Boca y de River.

Paulo Dybala, Gabriel Mercado, Manuel Lanzini, Alejandro Domínguez, Fernando Cavenaghi y Esteban Cambiasso tampoco se perdieron el festejo millonario.

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