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El lírico penal y un texto exquisito: "Gracias, Messi"

El periodista y editor de El País José Samano, en un texto donde destaca la penúltima genialidad del astro frente al Celta. "Leo" pone el arte bajo sospecha y resucita a la España más envidiosa. 

17 de febrero de 2016 a las 10:28 a. m.
José Sámano // El País, de Madrid
El lírico penal y un texto exquisito: "Gracias, Messi"
El uruguayo Luis Suárez y el argentino Lionel Messi armaron la jugada del penal que terminó en gol del primero ante el Celta. // foto: ap

Hay jugadas tan sublimes que rebobinadas impactarán incluso más que en directo, porque jamás quedarán destinadas al olvido que seremos. La rutina es fugaz, pero, como en todo arte, las genialidades son imperecederas, póstumas. La última originalidad, el lírico penal entre Messi y sus distinguidos colegas, ya está bajo llave en el archivo del tesoro del fútbol, por más que le pese a esa España envidiosa, siempre con sus grasientas baterías a tiro.Cuesta creer que haya que justificar el ingenio, como si este se confabulara contra algo o alguien. Lejos de gozar de una acción cósmica, del penúltimo testamento de Messi, resulta que de manera instantánea se reproducen los debates sobre si fue o no una irrespetuosa borrachera burlona.

El mero planteamiento ya es delirante. ¿Por qué no satanizar al Leónidas que marcaba descalzo, al Pelé que hizo descarrilar a Mazurkiewicz, al Garrincha que hacía chistes con los pies, al Di Stéfano que goleaba de tacón, al Higuita del escorpión, al Best que tiraba paredes con las piernas de los contrarios, al Guti de ojos en la nuca que la embrolló con Benzema en Riazor, al Panenka que inmortalizó una suerte de penales de alto riesgo...?

Por desgracia, hay quien prefiere atrofiar la osadía. La enemiga, claro. ¿Cuándo fue deplorable la célebre inventiva de Alí, Jordan o Federer? La España futbolera, según a quién, no se lo consiente.

Messi, lejos del narcisismo imperante, estaba ante su gol 300 en la Liga, pero prefirió explorar una vía. Barcelona, con él incluido, ya había fallado seis de 14 penales. La treta estaba preparada para Neymar, que llevaba unas jornadas seco. Por suerte, se interpuso Luis Suárez. Por suerte, sí, porque de haber convertido el gol “Ney” la bronca se hubiera disparado todavía más. A este chico se le niega la dicha brasileña, la más embriagadora que haya conocido el fútbol, la más recreativa.

Puede que a veces le sobre algún arabesco, pero Neymar es una oda al fútbol, un jugador con un catálogo extraordinario, fuera del alcance de los mortales.

Alguien capaz de hacer volar sus piernas por un lado y la cintura por otro, de hacer rodar la pelota como si llevara lubricante en los botines.

Improvisa rutas de evacuación con fantasía, tira sombreros, amaga como si tuviera una lagartija en los calzoncillos. Recursos asombrosos, como las ruletas de Zidane e Iniesta, gente que piropea a la pelota, que engrandece este deporte.

Neymar forma parte del Bolshoi del fútbol, pero está bajo sospecha en esa otra España, la de la casposa inquina a determinados personajes que escapen de la ortodoxia. Aquellos que creen poder distribuir a su antojo el carné de genio.

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Después de haber utilizado al árbitro como señuelo para ventilar el marcaje de Planas y haber dislocado a Jony con un amague de época en la jugada del penal, la agudeza de “la Pulga” y sus socios fue de lo más intrépida.

De acuerdo que no iban 0-0, ¿pero alguien concibe que Messi sea menos audaz que Panenka? Le pudo salir un mamarracho como a Pires y Henry en su momento, lo que revaloriza aún más su ejecución. Se expusieron a un ridículo universal, y no les importó.

Sólo resta que alguien con la sensibilidad literaria de Jorge Valdano con el gol totémico de Maradona haga ahora el relato de cómo se las ingeniaron estos maravillosos locuelos.

"Leo" no lo hará, su verso se limita al césped. En todo caso, gracias, Messi. Y que se mejore Johan (Cruyff), que en la semana en la que va ganando 2-0 al cáncer, intencionado o no, Messi sabrá, no pudo tener mejor homenaje.

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