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El institucional es el campeonato a ganar

13 de marzo de 2017 a las 10:21 a. m.
El institucional es el campeonato a ganar

“Si el proyecto institucional del club depende de un resultado, nos tenemos que ir todos”. Palabras más, palabras menos, en público o en privado, el concepto resume el pensamiento de las actuales dirigencias de las tres entidades de fútbol más populares de Córdoba.

En tiempos de exitismo extremo, sostener ese ideal se torna complicado, pero el modelo adquiere real dimensión cuando se repasan las vicisitudes por las cuales pasaron en su historia reciente Belgrano, Talleres e Instituto, con quiebras y convocatorias de acreedores que los pusieron al borde del abismo. El primer campeonato que los clubes deben ganar si quieren tener firmes intenciones de ser protagonistas es el institucional. Y eso, en la “B”, en la “T” y la Gloria parecen tenerlo más que claro, aunque a sus directivos les toque hacer equilibro entre sus convicciones y las exigencias de los hinchas, muchos de los cuales sólo tienen en la mira el resultado. La presión está latente y se expresa en los reclamos por contratar grandes figuras o por ganar siempre, afán desmedido que rara vez tiene sustento cierto.

Es verdad que para los clubes es clave que su primer equipo transite la senda positiva porque es el vértice de la pirámide. Si la primera anda mal, todo entra a ser cuestionado por más que se luzca organizado, con finanzas controladas y un presente sólido. Pero mucho más cierto es que, en la medida en que se apueste a planificaciones y estructuras sólidas, se ampliarán el horizonte y las posibilidades de un futuro mejor.

El fútbol argentino está repleto de aquellos que fueron por la gloria de los títulos y terminaron frustrados, con deudas gigantes y, en algunos casos, lejos de objetivos que ni todos los millones del mundo pueden asegurar. No hay plata, ni refuerzo, ni estrella, ni DT que garantice vueltas olímpicas. Ni acá, ni en la China. Quien prometa eso, al menos, comete un acto de irresponsabilidad. Y sino, que les pregunten a los cataríes dueños del Paris SG qué sintieron cuando la semana pasada su equipo, en el cual invierten fortunas enormes desde que lo compraron, fue eliminado por el Barcelona.

En ese frenesí que plantea el fútbol, nuestros clubes insignes eligieron un rumbo y, aunque les cueste, buscan ratificarlo. En esa intención se hicieron acreedores a un crédito, más allá de que deban estar abiertos a las revisiones y correcciones necesarias.

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