El inédito mensaje argentino: la humildad
La selección está a un paso del título del mundo y llegó hasta aquí por una vía poco frecuente: la de del sacrificio. Un mensaje que baja Sabella, cargado de trabajo y alejado de la altanería.
La distancia suele distorsionar, aunque a veces también puede aclarar. Haber jugado la Copa del Mundo en Brasil, lejos pero cerca de Argentina, puede dar una de visión diferente del derrotero de la selección en el Mundial. Y esa visión entusiasma. Argentina ha llegado a la final del Mundial de una manera inédita.
No por los planteos tácticos ni por algún resultado deportivo. Lo ha hecho desde una posición diferente: la de la humildad y el sacrificio como bases de un discurso que baja desde su líder, Alejandro Sabella. Y que, a excepción de la malograda experiencia de Marcelo Bielsa, nunca se había dado en el fútbol nacional. Porque el director técnico no ha dejado de repetir su postura ética.
"No somos mejores que nadie", ha dicho cada vez que pudo. No se gana con la camiseta, y eso sí que es inédito viniendo de un argentino que conduce a futbolistas que son considerados estrellas en cualquier campo de juego del planeta. Que el máximo responsable de una de las pasiones más poderosas del pueblo advierta que nada es extraordinario en estos momentos, y que primero hay que pensar en los demás y cómo ayudarlos, no es un dato menor.
Ese mensaje va abriéndose camino entre las altisonantes puestas en escena de algunas expresiones mediáticas (llenas de patriotismo y épica simplona), y la siempre presente altanería de muchos compatriotas (que también han llegado a Brasil). De a poco, la figura de Javier Mascherano se ha convertido en la otra mitad del talentoso Lionel Messi, para combinarse en un equipo que, para brillar, primero tiene que rasparse.
Una buena alegoría para pensar una sociedad. Lo sorprendente es que lo dicen en Brasil. Por supuesto que no todos, pero es una corriente de opinión consolidada en algunos ámbitos. La goleada sufrida ante Alemania fue castigada con dureza, y muchos analistas (no sólo de deportes, sino también de política) pusieron a la Argentina como un espejo donde mirarse. En el fútbol, pero sobre todo en el coraje para rebelarse ante las injusticias, y en el esfuerzo y la humildad (sí, en la humildad) para encarar la Copa del Mundo hasta el final.
Bajo perfil
Es muy difícil no levantar una ceja, asombrados, al leer o escuchar mensajes que destaquen a la Argentina sin que se mencione la soberbia o la viveza criolla. Pero ha sido así en Brasil desde el comienzo. Una imagen que fue avalada por el bajo perfil de los jugadores, por la entrega en los partidos y, sobre todo, por el apoyo de los hinchas en todo momento.
Imágenes que vistas desde el propio país pueden no decir nada, pero que filtradas con otro foco tienen un significado diferente al que se considera el ser nacional. Claro que son apenas generalizaciones, vagas y sin rigor científico, pero que han sido publicadas por la prensa local, y no dejan de hacer un ruido entre tanta pasión a punto de estallar.
Quizás Argentina sea campeón del mundo esta tarde y todo se vaya al diablo. Las burlas y los festejos aplasten los mensajes de Sabella y Mascherano, y todo sea descontrol y egocentrísimo. O quizás no se logre el objetivo y al propio DT se lo acuse de blando, falto de coraje, y demagogo.
Dos chances posibles. O quizás veamos por primera vez una Argentina diferente. Ganadora sin aires de superación, en lo más alto pero sin la impostura del fanfarrón y feliz sólo por haber conseguido todo luego de un trabajo con esfuerzo y dedicación.