El Gurú: los leones viven en Uruguay
Es extraño o poco frecuente elogiar la derrota.
Eso hice la noche del martes en Montevideo cuando debí viajar de urgencia a motivar a un amigo alicaído: José "Pepe" Mujica.
No se podía sacar de la cabeza el segundo gol de Holanda, en una posición adelantada más grande que la montevideana avenida 18 de Julio.
Bueno, los errores son un dato del fútbol, deporte imperfecto, a veces asfixiante, siempre apasionante.
Lo que le dije al "Pepe" es que los jugadores uruguayos fueron unos leones, que dejaron bien sentado el prestigio de ese país austero, humilde, que se distingue porque la gente lleva la pobreza con dignidad.
Lo vi algo "pachucho" al Pepe, aunque le confesé que creí que en el último minuto lo empataban. Hubiera sido una proeza ante esos holandeses que salieron a festejar antes de tiempo, con una petulancia inapropiada para el mundo del deporte, especialmente el fútbol, la madre de todos los deportes en esta parte del mundo.
Tabárez, el maestro, todo un caballero; Forlán, un príncipe; Lugano –no jugó–, un gladiador; Luis Suárez, un soldado del gol.
No pudieron, es cierto. Los holandeses la hicieron casi perfecta, salvo los últimos cinco minutos, en los que su técnico se dejó apoderar por la soberbia y terminó lastimosamente pidiendo la hora.
Esta Holanda no es la “Naranja Mecánica” del ’74, pero el martes fue un proyecto serio, práctico y contundente.
Me quedo en Uruguay. Habrá una recepción apoteótica para los leones y no me la quiero perder.
Enhorabuena.
