El fútbol y las camisetas compradas
Hay dirigentes que se mantienen en sus puestos durante décadas y nadie o pocos les cuestionan sus decisiones. Hay jugadores que debutan, juegan mal ese partido, y desaparecen del fútbol.Es caprichosa la comparación. En todo caso, es una crítica a los directivos que se atornillan a sus sillones y toman a esos lugares como parte de un mobiliario que los acompañará durante toda su vida.
Le sucedió a Julio Grondona, quien tranquilamente podría haber sido detenido por el Fifagate de no haber fallecido antes. Le ocurre a Joseph Blatter, presidente de la Fifa, y a Michel Platini, titular de la Uefa, sancionados con ocho años de suspensión por el pago de una confusa comisión de dos millones de dólares por supuestos servicios realizados por el primero y no debidamente aclarados. Tuvo que destapar la olla la justicia de Estados Unidos para que recién después el Comité de Ética de la Fifa los sancionara.
La presencia de la justicia para desentrañar tanta corrupción no deja de ser una ironía. La Fifa siempre amenazó con castigar a federaciones nacionales y a clubes, que por conflictos deportivos sometían sus protestas a fiscales y magistrados.
Se recuerda aquel lejano 23 de mayo de 1993. Ocurrió en el aquel entonces Estadio Córdoba. Talleres 2- River Plate 2. Cinco jugadores albiazules fueron expulsados. Ese resultado y su formación diezmada por las sanciones del polémico Javier Castrilli, dejó al entonces equipo dirigido por José Omar Pastoriza al borde del descenso.
Talleres protestó en la justicia federal. El entonces juez Luis Rueda hizo lugar a un recurso de amparo. El campeonato de Primera División se paralizó durante varias semanas. Y la presión de la AFA no tardó en llegar. Telegramas y cartas documentos eran enviados a Rosario de Santa Fe 11 exigiendo desistir de recursos legales a riesgo de quedar desafiliado, fuera de la órbita del fútbol profesional. Esa sanción finalmente no llegó, aunque Talleres perdió de categoría.
El 3 de diciembre pasado la AFA volvió a romper los límites del asombro. 75 asambleístas para elegir entre Luis Segura y Marcelo Tinelli. Los números pares hicieron rascar la cabeza a más de uno: 38 votos para cada lista. ¿Cómo pudo suceder?
También se recuerda aquella insólita asamblea en Independiente en la que su presidente Javier Cantero y sus pares de comisión directiva fueron echados a sillazo limpio por barrabravas o por socios irracionales que pusieron delante el agobio futbolístico del equipo rojo a los intentos de enderezar la institución de un hombre (Cantero), que se fue del club casi como un delincuente.
O más allá en el tiempo a Rafael Di Zeo y a otros barrabravas de Boca Juniors dándole una verdadera paliza a hinchas de Chacarita Juniors en un amistoso jugado en la Bombonera. Ese hecho fue televisado en directo.
O a los hinchas de River Plate en el primer partido de la promoción en 2011, cuando ingresaron al campo de juego del Gigante para amenazar a varios jugadores millonarios delante del árbitro. Y ni hablar de lo que sucedió con la presión al árbitro de la segunda final, Sergio Pezzota, en el estadio Monumental cuando se produjo el descenso de los de Núñez a Segunda División.
En estos últimos casos intervino la justicia por la magnitud de los acontecimientos pero no por pedido de los dirigentes. La obligación fue siempre resolver los problemas del fútbol en el ámbito del fútbol.
Todo esto viene a cuento del comunicado enviado por la Fifa a la AFA en la que le manifiesta su preocupación por el desenlace en la frustrada elección de autoridades y ante el temor que las diferencias entre Tinelli y Segura se zanjen en la justicia o con la participación del gobierno nacional.
¿Preguntas? ¿La Fifa está moralmente habilitada para exigir algo cuando su cúpula está descabezada por cobrar coimas? ¿La AFA está en condiciones de exigir algo a los clubes cuando no puede resolver una votación entre 75 personas?
Mientras tanto, los jugadores seguirán cruzando edificios pisando sobre un cable y los hinchas visitantes sanos tendrán que seguir esperando en el banco de suplentes el arreglo de los entuertos entre dirigentes del fútbol y de la política para volver a ver un partido de fútbol.
El fútbol sigue siendo generoso. A algunos les ofrece la titularidad por el tiempo que ellos quieran.