El espectacular recibimiento de los hinchas a Belgrano
Aunque perdió ante San Martín de San Juan, el Pirata vivió una fiesta en el Kempes. Mirá el video.
“Filial Pupo Araya””, “CAB es CBA”, “Sólo vine una vez y me enamoré para siempre”, “EZE”, “Si supieras que te amo como a nada en el mundo”, “La vida por los colores”... los mensajes, los tamaños y el amor se multiplican en forma de bandera en las tres tribunas del Kempes que ayer fueron copadas por la hinchada de Belgrano.
A estos trapos, cada uno con una historia de vida detrás, se les suman miles y miles de banderas celestes, negras y blancas con el escudo de la “B”, con el dibujo de un pirata o simplemente con la leyenda “Soy Pirata”.
Así de simple, así de emotivo fue el recibimiento en forma de despedida que la hinchada de Belgrano le tributó a su equipo en el adiós de local de la temporada 2012/13. Así de simple y emotivo fue el estallido de fuegos artificiales, bombas de papel y humo de colores (negro y celeste, obvio), que desde la base misma de la tribuna Ardiles se elevó en un intento de despejar el gris de la tarde para convertirlo en celeste, el color eterno que tiene el techo del mundo. Así de simple y emotivo.
Simple como las cosas simples del fútbol cuando éste no se contamina de intereses espurios. Emotivo por lo que significaron esos casi dos minutos de fiesta tribunera que tocó el corazón de cada hincha pirata y transmitió sensaciones por todo el cuerpo hasta hacer enrojecer las gargantas, las palmas de las manos... y los ojos.
Para muchos hinchas de Belgrano el partido terminó, paradójicamente, cuando Néstor Pitana, un árbitro al que el escenario de ayer le quedó muy grande, dio por iniciado el encuentro. Sí, paradójico. Terminó cuando empezaba. Muchos habían ido a agradecerles a los jugadores, el cuerpo técnico y los dirigentes la mejor campaña en una temporada en Primera, la clasificación a la Copa Sudamericana y los 100 partidos continuados de Ricardo Zielinski, otro hecho inusual en la historia pirata de las últimas décadas.
Por eso las banderas. Por eso los fuegos artificiales. Por eso el canto replicado en miles de gargantas. Por eso el coro de agradecimiento que bajó de las tribunas en un hit que supera la barrera del tiempo: "Gracias Belgrano querido... de corazón sin igual, tu barra te lo agradece y te alienta hasta el final".Belgrano perdió, es cierto. Belgrano se despidió de su público con una derrota, es cierto. ¿Duelen las derrotas? Vaya si duelen. Claro que duelen. Pero este Belgrano, bien dirigido (fuera y dentro de la cancha), echó raíces tan fuertes en los últimos años que asimila las derrotas sólo como una contingencia del juego y no como una cuestión de vida y muerte. Así de simple. Así de sencillo. Así de emotivo.