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El día que ganó Scaloni

El de este viernes fue el partido más feliz del entrenador en el seleccionado argentino. Acertó en todo en el 2-0 a Venezuela en el Maracaná para pasar a semifinales.

29 de junio de 2019 a las 08:57 a. m.
El día que ganó Scaloni
HAY EQUIPO. Ayala, Samuel, Scaloni y Aimar, entre otros, a la hora de cantar el Himno. (Juano Tesone / Clarín)

Lionel Scaloni vio todo ahí: estaba a metros cuando pasaba lo que pasaba. Le pedía a Rodrigo De Paul que presionara, que apretara, que quitara. De Paul hizo todo eso y más: encaró y asistió a Sergio Agüero. Lo que aconteció luego se vio en TV: "el Kun" le dio duro de derecha, el arquero venezolano no aguantó y Giovani Lo Celso entró como una fiera para empujar el rebote y sentenciar (2-0) el partido con Venezuela en el Maracaná de Río de Janeiro.

Lo que no se vio en TV fue el salto descontrolado de Scaloni. Lo gritó como loco, como un jugador. Y es que se sintió parte de la jugada con su pedido a De Paul. Después de la reacción, miró a la tribuna que tenía detrás del banco de suplentes. Ahí siempre van los familiares de los futbolistas y los integrantes del cuerpo técnico. Ahí estaban su esposa Elisa y sus dos hijos: Ian y Noah.

Scaloni, por supuesto, lo gritó con su cuerpo técnico. Pero fue un momento de éxtasis para él. Fue "su" momento. Fue su rato de satisfacción en un contexto de desahogo. Después del gol de Lo Celso, en las tribunas había delirio. Los hinchas argentinos revoleaban remeras y le cantaban a Brasil por la semifinal del martes. Mateo Messi correteaba por el palco del estadio no haciéndole caso a Antonella Roccuzzo. El presidente de la AFA, Claudio Tapia, se abrazaba con Jorge Miadosqui, el encargado de la delegación, y enfilaban para la zona de vestuarios. Los dos iban tan felices como dos amigos que se pagaron un viaje a Río para ver a la selección y sentir que ese esfuerzo valió la pena.

Argentina destrababa un partido bravísimo. Y Scaloni sentía que lo había ganado. Que no le había errado a los cambios sacando al intenso Lautaro Martínez y al eficiente Marcos Acuña. Sentía que acertó el planteo. Sentía que la clavó al ángulo con Juan Foyth de “4”. Sentía que él mismo le ganó a Venezuela, el equipo que le empezó a complicar la vida.

"Fue lo del famoso partido que puse tres centrales...", había dicho Scaloni en la conferencia de prensa del jueves. Tenía ese puñal clavado. La derrota 1-3 con Venezuela en Madrid fue la que le destruyó lo que había levantado: un ambiente de progreso. Esa caída allá en España empezó a ponerlo en la mira de su real inexperiencia.

Y brotaron los cuestionamientos: que “cómo un DT que recién empieza llega al sitio al que se debería acceder después de estar muy andado”, que “la AFA lo deja porque es barato” y que “si Marcelo Gallardo quisiera agarrar” él ya no estaría.

Ese run run le deglutió a Scaloni sus aportes. Había logrado un clima de desdramatización en la selección. Después del caos en el Mundial de Rusia, su llegada a los jugadores, su perfil jugadorista y su apertura al diálogo fueron las razones por las que pasó de interino a confirmado. Obvio que si alguno de los candidatos pesados hubiera dicho sí, Scaloni ni pisaba Brasil. Pero con lo que había, era la única opción. Lo nutrieron de personas de selección como Walter Samuel, Pablo Aimar y Roberto Fabián Ayala. Todo ese entorno estuvo a poco de derrumbarse.

Las decisiones de Scaloni armaron una selección de seleccionados. No un grupo de seleccionados que armaran un equipo. Se notó con Colombia y Paraguay. El penal que atajó Franco Armani salvó a todos. El 2-0 con Qatar le dio la fortaleza de los aciertos y la clasificación. El partido con Venezuela era “su” partido. Y más después de lo que vivió en Belo Horizonte, con la “rebelión televisada” del plantel y con las críticas de César Menotti desde Buenos Aires. Scaloni, con todo eso encima, sabía que Venezuela era el equipo que lo podía sacar del cargo. Como para cerrar un círculo de debacle total.

Por eso el grito, por eso el festejo. Por eso cuando terminó todo, primero, fue a saludar a Rafael Dudamel, su colega venezolano. Después se desconectó de todos y fue a pedirle a su mujer que le acerque los chicos. Ian y Noah saltaron un pequeño vallado y llegaron a sus brazos. Los abrazó, lo besó. Fue el Scaloni más auténtico.

Ante la prensa fue protocolar. Declaró: “Estamos intentando construir algo de cara a lo que viene y no sólo mirar el presente”. También apuntó: “Estamos satisfechos con nuestro trabajo porque se ve mejoría y una identidad en jugadores que juegan por la camiseta”. Mientras hablaba, Messi le tiraba un centrazo: “Lo veo a Scaloni unido con su cuerpo técnico y con nosotros. Vamos juntos por un objetivo”.

Scaloni ya le ganó a Venezuela. Sabe que si le gana a Brasil...