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El cielo los juntó otra vez: el adiós a "la Wanora" Romero y al "Pucho" Arraigada

Miguel Romero y Raúl Arraigada, viejos adversarios de los ‘50 y los ‘60, murieron en las primeras horas del nuevo año.

02 de enero de 2017 a las 10:36 a. m.
El cielo los juntó otra vez: el adiós a "la Wanora" Romero y al "Pucho" Arraigada

Dos golpes duros, inesperados, cuando más duelen. El 2017 no arrancó bien para el fútbol de Córdoba. Es que en las primeras horas del nuevo año, en medio del clima festivo, dos figuras emblemáticas de nuestro fútbol se fueron para siempre.

Con las primeras luces del día se conoció el fallecimiento de Raúl Hipólito Arraigada, “el Pucho”, un personaje que trascendió por su “filosofía de barrio”, más allá de sus destacadísimas cualidades como futbolista y entrenador.

Y por la tarde, cuando en la Redacción preparábamos el obituario del exdefensor de Belgrano y Racing de Nueva Italia, llegó la otra pálida. Miguel Antonio Romero, “la Wanora”, viejo rival del “Pucho” en los clásicos cordobeses y máximo goleador de la historia de Talleres, también se despidió en el mismo día para el viaje final.

Curioso capricho del destino para dos jugadores que escribieron historia grande en el fútbol de esta ciudad. Lucieron como jugadores en funciones muy distintas, uno como atacante y otro como defensor, y al finalizar sus campañas deportivas se dedicaron a la dirección técnica y, principalmente, a la formación de jugadores, donde volcaron toda la experiencia acumulada para descubrir nuevos talentos.

Honestos como pocos, se diferenciaron solamente en la manera de defender sus convicciones. Romero fue conciliador, sereno y medido, mientras que Arraigada, más sanguíneo, no tenía pelos en la lengua y jamás se guardó lo que pensaba, una actitud que le valió más de un dolor de cabeza y varios choques con los dirigentes de turno.

Rivales clásicos

“El Pucho” y “la Wanora” fueron referentes ineludibles de Belgrano y Talleres en los años 50/60, cuando los clásicos se jugaban con protagonistas a “cara de perro”, en una rivalidad que desaparecía cuando el árbitro hacía sonar su silbato para el pitazo final.

Romero y Arraigada coincidieron 12 veces en los derbis cordobeses desde aquel 4-2 para la “T” del 10 de abril de 1955, día de la presentación del artillero albiazul en el tradicional duelo (ese día hizo dos goles y es el mayor goleador del clásico con 29 tantos).

En esos épicos enfrentamientos entre celestes y albiazules, Arraigada se ganó más de una vez la mención especial como figura de la defensa de los de Alberdi, donde desde su puesto de half izquierdo intentaba neutralizar el poderoso quinteto ofensivo de los tallarines, piloteado por Romero, quien rara vez se retiró de la cancha sin marcarle.

El fútbol está de duelo. La eternidad se ganó dos próceres.