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El “10” está solo y espera: el debut de Boca ante Belgrano dejó muchos interrogantes

Riquelme y no mucho más. Más alla del triunfo, el Xeneize dejó una pálida imagen en su presentación en el Torneo Inicial.

08 de agosto de 2013 a las 08:59 a. m.
El “10” está solo y espera: el debut de Boca ante Belgrano dejó muchos interrogantes
Demasiado solo. Riquelme, el estratega de Boca, no tuvo socios a la hora de generar juego. (Foto: Martín Baez)

Apuntado como uno de los candidatos por la "chapa" de sus refuerzos y un lastre que lo obliga a enfocarse únicamente en la competencia local, Boca Juniors se presentó ayer en el Torneo Inicial con una actuación que dejó muchos interrogantes.

Más allá del triunfo, al que contribuyeron más los errores defensivos de Belgrano y los horrores de la dupla Maglio-Scime que sus propios aciertos, el equipo que dirige Carlos Bianchi quedó en deuda en su debut.

Apenas algunos destellos de Juan Román Riquelme le dieron vuelo a una formación inexpresiva que desplegó sobre el césped del estadio Mario Kempes una propuesta amarreta y hasta endeble desde lo estratégico.

¿A qué jugó Boca? Con el resultado puesto quedó clarito: la premisa fue aguantar el embate del rival y esperar agazapado para capitalizar al máximo alguna equivocación o fatalidad.

La apuesta –casi impropia de la grandeza xeneize, más allá de la reconocida falta de audacia de los planteos de Bianchi y la fama de rivales molestos que se forjaron los muchachos de Ricardo Zielinski– fue riesgosa. Basta con repasar las jugadas polémicas de la tarde de ayer, que terminaron dándole a Boca una sobrevida que difícilmente pueda ganarse tan seguido, salvo que el sorteo del Colegio de Árbitros vuelva a favorecer a Maglio, la bolilla que faltaba.

Problemas de fondo. Escaso de variantes en el medio, carente de proyección por los laterales y sin peso específico en sus delanteros, Boca fue en términos ofensivos Riquelme y no mucho más. El estratega se recostó en la izquierda para encontrar un punto de referencia y no rayarle a su DT el dibujo (4-4-2) que, suelto el "10", se compensaba el desordenado adelantamiento de Emanuel Insúa.

Le costó a Ribair Rodríguez batallar casi siempre en inferioridad numérica. Sánchez Miño, puesto a jugar de “doble cinco”, no lo ayudó mucho en esa labor. Lo de Ledesma fue más turbulencia que otra cosa. ¿Marín e Insúa? Tal vez no desentonaban en la película “Metegol”.

Riquelme pidió la pelota, una y otra vez. La pisó para hacer la pausa y tratar de encontrar el espacio. Tocó de primera cuando la oposición se multiplicaba. Y hasta se animó a probar desde lejos a Olave. Le faltó un socio para avanzar y generar desequilibrio más cerca del área rival. No lo ayudaron demasiado.

La defensa fue otro punto débil. Mostró serios desacoples y sufrió en cada pelota cruzada. Arriba, Gigliotti por Blandí fue un cambio que se demoró.