Ecuador-Argentina: la reventa en Quito duplica los precios oficiales
Con una capacidad acotada a 35 mil espectadores, el estadio Atahualpa lucirá repleto. Una "popu" alcanza los 60 dólares, un precio que encierra a los locales en la disyuntiva de hacer un gran esfuerzo o lamentarse.
Como un hervidero, así se mostraba desde temprano el Estadio Atahualpa de Quito, donde Ecuador recibirá a Argentina, en un partido que los locales consideran clave. Es que vienen de perder con Perú y sienten que los de atrás ya les pisan los talones.
Las afueras del vetusto escenario era una combinación de noteros que buscaban pálpitos del resultado, muchos vendedores ambulantes (la camiseta de Ecuador trucha te la dejan a 8 dólares peleando un poco) y, sobre todo, decenas de revendedores de entradas, jugando con la desesperación de la gente que ve que se puede quedar sin ubicación.Entonces, por una popu que valía 30 dólares (la moneda oficial en Ecuador), se pedía hasta 60 y por un lugar en "tribuna", una platea argentina, la oferta llegaba a 150 dólares, cuando por ventanilla, donde lucen los carteles de "agotadas" costaban 80. "Una locura, no podés pagar eso por un boleto", se quejaba Jairo Gutiérrez, mientras ya se resignaba a no ver el partido.
Lo que pasa es que el Atahualpa fue reacondicionado -no se nota demasiado-, ahora todos deben estar sentados según exigencia Fifa y entonces su capacidad apenas si pasa los 35 mil espectadores. Por eso, la reventa está a full, tanto que pasado el mediodía ecuatoriano debió aparecer la intendenta de Pichincha, la provincia cuya capital es Quito. Cristina Silva, la funcionaria, intentó poner un poco de orden ayudada por policías. "Hasta un 10 por ciento se tolera, pero cien por ciento, no", decía Silva, quien a su paso escuchaba cómo la cargaban de reclamos. "Diganles a los de la Federación, ellos son los principales culpables", le gritaba un revendedor, apuntando hacia lo más alto.
Los cordobeses ya tuvimos experiencia de problemas en la venta de entradas en partidos internacionales, como este que se jugará en Quito. Está claro que el mal se replica en toda Sudamérica y quienes han ido a mundiales o juegos olímpicos también lo comprobaron, aunque en menor escala. Quedan dos: pagar lo que piden bajo gran esfuerzo o lamentarse.