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Diario de viaje en el Mundial: moderna, amplia, distinta... ¡y argentina!

Brasilia y su belleza fueron la ciudad testigo del triunfo de la selección ante Bélgica, que permitió el histórico pase a semifinales.

06 de julio de 2014 a las 09:05 a. m.
Redacción La Voz
Diario de viaje en el Mundial: moderna, amplia, distinta... ¡y argentina!
Brasilia es la ciudad donde, entre otros gobernantes, vive Dilma Rousseff (Foto: LVI).

Qué bella que es Brasilia. Una ciudad con apenas 54 años de vida me abrió sus brazos en una cálida bienvenida. Es todo lo contrario a la agobiante San Pablo, que es oscura y asfixiante. La contracara es la capital de Brasil. Con sus anchas avenidas, con un respeto supremo por el medio ambiente y pensada para que sea agradable al habitante natural y al visitante.

Aquí Argentina dio ayer un histórico paso mundialista. Los turistas-aventureros argentinos se habrán sorprendido con semejante obra creada por el hombre. Y las cabezas y manos que pensaron y armaron esta ciudad tienen nombres: el arquitecto Oscar Niemeyer y el urbanista Lucio Costa. Ellos dos trabajaron en este ambicioso proyecto gracias a la determinación del presidente Juscelino Kubitschek.

Brasilia fue inaugurada el 21 de abril de 1960 y hoy cuenta con alrededor de 2,5 millones de habitantes. Es considerada una de las grandes obras de Siglo XX y en 1987 fue declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad según la Unesco. ¿Por qué se eligió ese lugar para la construcción de una ciudad, que luego pasó a ser la capital de Brasil? Aseguran que todo surgió de un sueño del padre italiano Juan Bosco.

En 1883, el sacerdote (hoy patrono de la ciudad) soñó con una civilización próspera, que viviría al lado de un gran lago, entre los paralelos 15 y 25 del Hemisferio Sur. Ese sueño se comenzó a edificar en 1956 y se hizo realidad en 1960, todo por de­cisión de Kubitschek, quien mandó a construir la ciudad en el altiplano central, lo que determinó un gran cambio en lo económico y en lo político en el país.

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Porque la capital pasó de Río de Janeiro a Brasilia. Algo que ya lo preveía la constitución de 1891, que aseguraba que la capital del país debía estar en el interior. Hoy, por ejemplo, Dilma Rousseff reside en Brasilia. Además de los distintos ministerios brasileños. En población, es la cuarta ciudad del país.

Para este Mundial, se demolió y volvió a construir, respetando la idea original, el Estadio Nacional Mané Garrincha, con capacidad para casi 70 mil espectadores.

En total, la inversión rondó los 900 millones de dólares (hay sospechas de corrupción).

Fue el estadio más caro para esta Copa. Lo llamativo es que en esta ciudad los clubes (Brasilia F.C., Brasileirense y Gama) más importantes juegan en categorías de ascenso.

Recorrer Brasilia es como pasear por las cabezas de Niemeyer y Costa. Todo tiene su razón. La amplitud de sus calles, los grandes espacios verdes, la distancia entre los edificios, el lago Paranoá (creado en 1959 sobre el río de ese nombre, tiene 40 kilómetros de extensión, 48 metros de profundidad y 80 kms de perímetro). No se ven personas viviendo en las calles, como sí pasa en otras grandes urbes de Brasil.

Hay una favela en Brasilia, pero está a 30 kilómetros de la ciudad. Así es Brasilia. Moderna, amplia, limpia, acogedora, luminosa. Otro país dentro de un país que no deja de sorprender, que ayer fue testigo de otra alegría argentina.