Del Potro y la medalla de plata: cuando ser subcampeón vale más
"Delpo" es un héroe nacional por lo hecho en los Juegos Olímpicos. Hace un mes, Messi fue subcampeón y renunció a la selección. Qué los diferencia.
Juan Martín del Potro fue uno de los héroes deportivos de Argentina en los Juegos Olímpicos. Y fue segundo. ¿Contradicción? No parece. O sí, viniendo de un país que aprendió a castigar a los subcampeones de todo.
"Delpo" y su contexto. ¿Por qué su segundo puesto ha puesto orgulloso a un país? Un país que, meses atrás, trató de "fracasados" a los jugadores de la selección de fútbol que perdieron la final de la Copa América Centenario.
Aquella noche en Estados Unidos, la de la derrota contra Chile, el mejor futbolistas del mundo hizo carne la sensación nacional, asumió la responsabilidad de la derrota y, frustrado, renunció a la selección.
Lionel Messi no es Del Potro, pero cada uno a su medida, y en poco tiempo, han conmovido al país. Ambos subcampeones, segundos para el colectivo deportivo nacional.
¿Por qué se valoran diferente? Porque los Juegos Olímpicos, como ninguna otra cita, parece revivir el espíritu amateur que ha guíado a los deportistas en sus primeros pasos de vida.
También, claro, porque "Delpo" estuvo más de dos años sin competir, con una muñeca destruída, pensándose fuera del tenis y tratando de que la cabeza no le explotara. Se valora aquella situación y este presente.
Pero luego, a la hora de competir, nunca hubo excusas. Del Potro no pidió comprensión cuando iba camino al partido contra Novak Djokovic, tampoco contra Rafael Nadal y menos contra Andy Murray. Fue a ganar, lo dijo y lo intentó.
Messi tampoco es de poner excusas. Pudo, claro, argumentar que la Asociación del Fútbol Argentino era un desastre, que el DT no encontraba el equipo y que la presión mediática lo tenía harto. Que él no era Diego Maradona y no tenía la obligación de emularlo.
Tampoco lo hizo. Jugó al límite, compitió como nadie y terminó llorando por haber perdido la final contra Chile. Lloró como Del Potro. Los dos por ser segundos. Tan gloriosos, tan tristes.
Quizá veamos en el fútbol nuestra única forma de diferenciarnos, de ser la potencia que no somos. No hay otro ámbito en el que Argentina se sienta en igualdad de condiciones con cualquiera. Y más. El ego necesita esa energía, y sin victorias se hace complicado sobrevivir a la realidad de un país complejo.
En lo demás, todo puede pasar. Sea en el tenis, la ciencia o el arte. No hay mucho que pedir porque no tenemos mucho que dar.
