De “la vergüenza” al orden que debe llegar
El fuego cruzado que vimos fue penoso porque quedó enmarcado en la coyuntura de saldar una deuda.
La palabra “vergüenza” no deja de ser pronunciada en la lamentable crisis de nuestro fútbol. Pero son pocos los que se ponen colorados de verdad. Anoche, fue Armando Pérez, presidente de la Comisión Normalizadora y mandamás de Belgrano, quien la mencionó con referencia a la hiperreprogramación de Talleres-Independiente, uno de los partidos de la 15ª fecha, la que determinará la reanudación del Torneo de Primera junto con el del resto de las categorías.
El inicio iba a ser el 12 de febrero; luego, fue la del 26/3, después de que Talleres presentó una nota temiendo por la indisponibilidad del Kempes; el lunes, fue confirmada para el sábado y con arbitraje de Juan Pompei, aún después de que desde el Gobierno de Córdoba se confirmó que el césped del Kempes no podría pisarse hasta fin de mes y ahora, directamente, fue suspendido sin día ni horario para su disputa.
El campo de juego del Kempes, que se mira y no se pisa, dejó a pata a Talleres –y también a Belgrano– hasta abril, pero también reveló cómo presionó Independiente para que se jugara como fuera el fin de semana. Esa incómoda sensación invadió a Pérez el jueves pasado, tras el primer “no” de Sergio Marchi, secretario general de Agremiados, a la reanudación.
“Siento vergüenza por todo esto. Todos somos culpables. Tengo pensado renunciar. Todos somos responsables de lo que está pasando, de no ser coherentes, de improvisar”, dijo en rueda de prensa.
Sin embargo, Pérez no es el único que debe sentirse así. Porque esta coyuntura reveló las miserias de todos los sectores, incluidos los de sus mismos pares, como Javier Medín, lo que lo llevó a decir “acá tenés que cuidarte hasta de los tuyos”. Los dirigentes de los clubes presionaron a sus jugadores (los que estaban al día, pero también, los que debían dos, tres y hasta cuatro meses) haciéndolos sentir culpables por... deberles, como así también al Gobierno por no abonar lo prometido por la rescisión del Fútbol para Todos.
Esos mismos directivos fueron los que acusaron a Marchi de querer que el gremio cobrara su porcentaje al proponer que el dinero (el que llegó del Fútbol Para Todos y el que falta del sponsor Axxion y de TyC –TV de la B Nacional–) no fuera a sus arcas.
Y debieron bancarse el contraataque de Marchi, quien afirmó que si la plata iba a los clubes los jugadores no la verían, además de decir que lo que no percibieran ahora, no lo cobrarían más.
¿Y los jugadores?
Fue paradójico. No jugaron por el torneo local, pero sí los amistosos, por Copa Argentina, Libertadores y Sudamericana. El fuego cruzado fue penoso porque quedó enmarcado en la coyuntura de saldar una deuda.
No hubo discusiones acaloradas por achicar el contraste entre ese fútbol millonario y aquel de los sueldos del hambre (haberes de casi más de medio millón de pesos contra sueldos de 10 mil en los semiprofesionales).
Tampoco las hubo por cuestiones como la seguridad de los protagonistas (caso Ortega), la del público, la de las cuentas en rojo de los clubes (los libre deuda) y tanto más. El cambio debe llegar, pero siguen las elecciones en la AFA y difundirá las imágenes del fútbol. ¿Qué sigue? ¿Más vergüenza o el orden debido? Ojalá sorprendan.