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Daniel Willington: Talleres dio, da y dará todo a muchos jugadores

Centenario. El ídolo vive con alegría la previa al cumpleaños número 100 del club donde dejó su sello como jugador y DT. En el partido de las glorias va a dirigir, pero varios le pedirán que juegue.

10 de octubre de 2013 a las 08:43 a. m.
Daniel Willington: Talleres dio, da y dará todo a muchos jugadores
Daniel Willington, una gloria Albiazul que será parte del Centenario. (Foto: Sergio Cejas)

La víspera del centenario se vive a full en el Mundo Talleres. sobre todo en sus entrañas. La Boutique es esa postal que une presente, pasado y futuro de los habitantes del planeta albiazul. El plantel se entrena al mando de Arnaldo Sialle en la cancha de sintético y en el gimnasio algunos pibes de las inferiores observan a los tanques Gonzalo Klusener y Juan Sánchez Sotelo y sueñan con gritar goles como ellos. Y al medio, entre ambas generaciones de sangre albiazul, aparece Daniel Alberto Willington (71 años). Crack entre los cracks que dio Talleres, que se hizo leyenda; DT del ascenso de 1994 con Instituto y de varios Talleres a los que le dio una mano increíble y genuina (porque casi siempre tuvo que ser un bombero por ser de la casa); e integrante de una familia ligada a la "T".

“Cara e’ bombita. ¿Quién es el c... que está rompiendo con el horario del partido con el Pachuca?”, le pregunta “el Daniel”, a Mundo D, intentando interiorizarse sobre la polémica que llevó el horario del juego desde las 22 de mañana a las 00.10 del sábado. “Más allá de esto. Estoy muy contento por poder ser parte de esta fiesta que es histórica”, dice Willington. La nota, como todas, tendrá varias pausas. Willington advierte a Gustavo Irusta (entrenador de arqueros y exdirigido), a Pablo Renzi (kinesiólogo histórico que lo acompañó cuando fue DT) y los carga. “Me tiraste al bombo varias veces y ahora te hacés el que no me ves”, le dice Daniel a Irusta. Y tras las risas del “Mono”, la entrevista vuelve a armarse.

–En el partido preliminar habrá uno de viejas glorias. ¿Dirigís y jugás?–Me dijeron que hiciera lo que quisiera. Con dirigir es suficiente. No podría jugar. Porque la camiseta y el pantalón no me entran. Y si lo hiciera, ¿quién me saca de la cancha, luego? Además sería injusto quitarle la ilusión a otro muchacho, que también ha tenido su trayectoria.

“Callate. Basta”, le dice Francisco Cabasés. Quién otro sino. El intendente histórico del estadio albiazul (que lleva su nombre) y fue el que siendo directivo del club obligó al DT Atilio “Toro” Willington a que hiciera debutar al “Daniel”. “Ja. Es verdad. Mi proceso en este club fue desde chiquito. Arrancó a los seis años y luego jugaron. Jugó mi viejo, mis hermanos, mis cuñados, mis hijos. Yo soy Talleres. El club me dio todo. El jugador, la persona. El cariño de la gente y el respeto. Como le dio a muchos muchachos. En esta cancha, yo cuidada las pelotas. Me pagaban cinco pesos. Porque cuando la pelota se iba, no volvía. Y había poquitas pelotas. Mi viejo me llevó a una gira. Yo jugaba en los barrios y ‘el Toro’ no quería que fuera profesional. Cabasés le dijo que me llevara y ahí había grandísimos jugadores. Era para hacer un libro. Ahí aprendí todo. Cómo portarse en la vida”, afirma.

–¿Lamentás que esos Talleres de oro hubieran tenido la exposición de éste?–No. Hubo una comunicación de padre a hijo. Como ya me pasó en Vélez Sársfield. El día que le pusieron mi nombre a la popular norte del Chateau, había dos o tres mil personas y muchos eran pibes, además de padres y abuelos. Y eso también se va a mantener con los otros Talleres que lograron algo.

Anécdotas. Willington es "el Loco", por la calidad de su juego, pero también por sus anécdotas. "En esa gira a Catamarca, a mi papá le regalaron dos damajuanas porque se venía la comunión de dos de mis hermanos. Y las puso bajo el asiento e iba dormido. Cuando paró el colectivo y él bajó yo se les saqué y se las reemplacé don dos llenas de agua. Casi me mató, cuando se dio cuenta", contó Willington.

“En Vélez, un día metimos un caballo adentro de la habitación de un compañero” ¿Más? Las que son adentro de la cancha. “La de la final a Belgrano. Con Labruna era suplente, pero siempre entraba y convertía. Cuando lo hice, me gritaban borracho y mi hermana me dijo: ‘Haceles un gol’. Yo pedí un tiro libre y le dije a Taborda: ‘¿Está lejos? Correte que la tiró a la mierda’. Y fue gol. También está la de Perriot con Instituto. Me atajó un penal y el rebote salió largo y hubo foul, ahí del córner. Mientras ellos festejaban, tiré desde ahí y fue gol. Me gusta ver a la gente de Talleres. Persiste en que siga progresando. Como ahora. Que no nos apuremos porque hace poquito que pasamos de una división a otra. Tienen que volver a retomar el ritmo”.

–¿Cómo viviste los últimos 20 años del club que pasó del éxito a la quiebra hasta esta etapa de reconstrucción?–Nuccetelli fue el gran dirigente, pero algunos lo socavaron desde adentro. Yo también sufrí en mi última gestión como técnico. Me tuve que ir porque tenía como 182 pulsaciones. Y, más adelante, al club lo agarró un tsunami. Le dije a este diario que el club iba a desaparecer si no lo ayudaban. La gente que está en la conducción actual lo ha hecho bien. Pero no hay que apurarse. Las cosas no se hacen de un día para el otro. Con el equipo hay que afianzarse en la categoría. Ojalá nos vaya bien.