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Cuando sumó talento, Talleres venció la resistencia de Burtovoy

Superioridad albiazul. Con Álvarez y Pereyra sumados al tándem ofensivo que integraban Carabajal-Francés y Sáez-Riaño, el Matador logró quebrar al mezquino Central Córdoba.

20 de febrero de 2012 a las 08:12 a. m.
Hugo Caric
Cuando sumó talento, Talleres venció la resistencia de Burtovoy

El triunfo de Talleres no admite objeciones. Los 17 córners que totalizó en los 90 minutos, los dos envíos –uno de Francés y otro de Díaz– que impactaron en el travesaño y los cuatro remates francos que convirtieron en figura a Burtovoy, el arquero de Central Córdoba, constituyen la mejor evidencia.Tardó en llegar el gol. Recién a los 29 minutos del segundo tiempo Riaño logró vencer la resistencia del "1" visitante al conectar de cabeza un preciso centro que Lucas Farías, a tres minutos de haber ingresado, envió desde el sector izquierdo.

Antes y después del 1-0, el equipo de barrio Jardín fue el único protagonista del encuentro. Cimentó su superioridad desde lo actitudinal, luego agregó el orden para defender y la paciencia para atacar, y finalmente liquidó el pleito con la explosión de uno de sus goleadores.

Hubo dos partidos diferentes. En el primer tiempo, la habilidad de Carabajal y el atrevimiento de Francés hicieron la diferencia por los carriles y lograron vulnerar el cerrojo que había preparado "el Profe" Córdoba, quien amontonó cinco jugadores en el mediocampo para intentar cortarle los circuitos de juego al local.

Sáez y Riaño, sometidos a la presión de los stoppers y con poco margen para maniobrar en el área contraria, se las ingeniaron para encontrar los espacios y descargar el juego hacia los volantes más dotados. Las dos veces que se acercó a los dominios de Burtovoy, Agustín Díaz estuvo a punto de abrir el marcador.

Pero el “5” albiazul se retrasó más de lo que aconsejable para un jugador de su talento, delegó la iniciativa en el empuje y la entrega de Ballestero y ese enroque de roles terminó limitando las posibilidades de la “T”.

Después de un primer tiempo sin sobresaltos en el terreno propio, donde Erwin Barreto constituía el único motivo de preocupación, la línea de cuatro defensores ya no tenía razón de ser.

Pero el que primero forzó las cosas fue Central Córdoba, que después del descanso renunció a las persecuciones individuales para plantarse con un 4-4-2. Con esa variante el elenco santiagueño tuvo un poco más la pelota, y así el partido dejó de ser un monólogo de Talleres.

La primera respuesta de Sialle fue colocar a Pereyra de enganche, pero el desequilibrio recién llegaría con Álvarez, otro volante de buen pie y mucha dinámica, por Romat, un lateral de escasa marca y nula proyección.

Con los dos ingresados, más Carabajal y Francés, y la perseverancia de Sáez y Riaño, el local comenzó a ejercer una presión que resultaría insoportable. Al final se sumó Lucas Farías y su aporte, desde la periferia al centro, que sería decisivo. En el epílogo, Pailos exigió a Requena y casi enmudece a todos. Hubiese sido un chiste de muy mal gusto.