Cuando los fallos son fallidos
Errar es humano... ¡acertar también! La actuación de Carlos Maglio en Belgrano-Boca quedará, seguramente, en el podio de los bochornos más recordados que se hayan visto en canchas cordobesas. Es difícil encontrarle un paralelismo.
La subjetividad siempre estará presente a la hora de juzgar un arbitraje, claro está. Pero cuando las equivocaciones son tan notorias, suele existir unanimidad.
Algo de eso ocurrió con la actuación de Carlos Maglio en el Belgrano-Boca del miércoles, en el que a fuerza de una increíble seguidilla de errores se ganó una reprobación casi unánime. El "nunca vi algo igual" se oyó repetido después de ese insólito abanico de desaciertos que ofreció el juez del encuentro.
Y a la hora de buscar antecedentes o paralelismos, la cosa se pone difícil. Porque malos arbitrajes hay (y habrá) a montones, pero difícilmente al nivel “superlativo” de lo exhibido por Maglio. Al menos en Primera División, donde se supone dirigen los mejores. Sólo cuatro días antes el mismo juez, siempre (¿ayudado?) por sus asistentes, había otorgado un penal inexistente y cobrado un offside en un lateral, en Independiente Brown de Adrogué, por lo que podría decirse que en Córdoba sólo mostró un eslabón más en su cadena de errores.
¿Te acordás?
En la memoria del hincha cordobés, hay varios episodios que serán recordados por la actuación del árbitro, alimentando la división de porteños y “chacareros” y el mito de la campaña anti interior.
En los torneos de AFA, tal vez el primer episodio con ribetes de escándalo fue la eliminación de Talleres por los cuartos de final del Nacional de 1979. Aquel año, la “T” había perdido 3-0 en el partido de ida de su llave con Unión de Santa Fe, y necesitaba golear en el Chateau para clasificar a semifinales. La esperanza de revertir la serie se agigantó en el primer tiempo, cuando los albiazules se pusieron 2-0, pero a partir de allí, el árbitro Carlos Espósito fue el blanco de las críticas. Se le achacaron tres penales no sancionados y al final del partido varios dirigentes y jugadores hacían cola para agredirlo. Al final, el 2-0 no se modificó y los de barrio Jardín quedaron fuera de carrera por el título.
Dos décadas más tarde, el árbitro Hugo Cordero fue clave para torcer un Belgrano-Independiente por el Apertura ’99. A 16 minutos del final, y con los celestes ganando 2-0, Ariel Montenegro anotó un tercer tanto que redondeaba la goleada de una gran actuación del Pirata. Pero el juez anuló el tanto por una inexistente posición adelantada y como el arquero celeste Martín Ragg estaba celebrando el gol en mitad de cancha, Claudio Graf aprovechó y el 3-0 se convirtió en 2-1. Para colmo, enseguida llegaron los goles de Sebastián Pena y Diego Forlán que desataron la ira de los hinchas. Al final, el partido se suspendió y Belgrano no sólo perdió el partido 3-2, sino que también sufrió la quita de tres puntos, que al final fueron decisivos para su descenso en 2002.
Otro escándalo que hizo historia fue el de Javier Castrilli en un Talleres-River de 1993, cuando los de la Docta se jugaban la permanencia, que derivó, incluso, en un proceso ante la justicia ordinaria por parte de los directivos tallarines. Con mayores o menores matices, el listado de bochornos es bastante largo. Pero el de Maglio se ganó un lugar en el podio.

