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Cuando ilusión y realidad no son parientes

Arranque. Un buen rendimiento a partir de un “11” y táctica ideales, rara vez se da en el inicio del torneo.

08 de febrero de 2016 a las 02:43 p. m.
Cuando ilusión y realidad no son parientes
Ninguno de los tres cordobeses pudo ganar en un fin de semana donde a los tres le anotaron en los últimos minutos.

Las formaciones de Belgrano, Instituto y Talleres generaron entusiasmo e ilusión simultáneas en los hinchas de los tres equipos. Es más, quizá se trate de un fenómeno que desde hace mucho no ocurría.

En Belgrano impactaron las llegadas de Claudio Bieler, José Rojas y la vuelta de César Pereyra; en Instituto, la retención de la base que permitió llegar a las puertas de un ascenso con cuatro incorporaciones; y en Talleres, los 15 refuerzos encabezados por Guiñazú, Caranta, Klusener, Encina y compañía. Es un momento en el que se piensa que del dicho al hecho hay poco trecho. Se conoce el cuadro, y poco importa o se sabe de su estado real y del marco. Los interrogantes son mínimos o relativos. Es más, sucede que algunos jugadores manifiestan en los medios que irán por lo máximo en cada torneo.

Sin embargo, puertas adentro, surge un análisis inversamente proporcional. La formación del plantel es un aspecto importante. Acortar la distancia entre el “11” ideal y la táctica que se adapte es el principal desafío para cada uno de los entrenadores. En muchos casos, se cierra la formación del plantel y arranca la del equipo.

Cuándo, dónde y cómo llegarán los jugadores a la coordinación mínima e indispensable para que el plan del entrenador se ejecute, de manera que se cumplan la mayoría de los objetivos de juego para ganar, son interrogantes que rara vez se resuelven en el inicio del torneo. Muchos de ellos son resueltos sobre la marcha, otros quedan pendientes. Si la ecuación es favorable, las chances de alcanzar el objetivo serán ciertas y fundadas. Al revés, el que deberá irse será el DT para que algo cambie. Sea o no el gran responsable.

El estreno de Belgrano y el paso de los segundos partidos de Instituto y Talleres, dejaron en claro que los resultados no reflejaron la cantidad de veces que llegaron en relación con sus errores y al desempeño de los rivales, pero también que hay varios cuestiones futbolísticas no resueltas, anteriores a si convirtieron o no lo que generaron.

Es lo que hay

Zielinski como Rivoira y Kudelka tienen su “11” ideal y el plan, pero, a veces, para que vean la luz, necesitan un tiempo. Como la competencia y las exigencias no lo dan puede pasar que los entrenadores decidan esperar lo que sea hasta que todos estén en plenitud o disponer de las alternativas o equiparar a todos bajo el principio del “juega el que mejor está” sin importar antecedentes ni preferencias.

Belgrano llegó más y mejor que Independiente. Sin embargo, se fue derrotado porque el rival le ganó en las dos áreas. Jugó mejor, pero le faltó el pase a la red. Los delanteros de Belgrano dispusieron de sus chances como Guillermo Farré e Iván Etevenaux, que llegaron por sorpresa. Obolo y Márquez no pudieron, pero también se notó porque Pereyra y Bieler aún no están plenos. Atrás, se descuidó al final y pagó con el gol de Rigoni, siendo que durante varios años a esa altura ya le había quitado presión al rival con el control de pelota y la reducción de espacios, una marca registrada del Belgrano de Zielinski, que ya cumplió cinco años. Sin embargo, ese desequilibrio, se ha generado desde el año pasado cuando decidió ser protagonista. Probablemente lo sea, pero solamente cuando la mayoría esté en plenitud.

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En el caso de Talleres, su “11” ideal tardará lo que le lleve poder contar con Guiñazú, Araujo, Klusener y ­Encina. Pero Kudelka no cambiará su táctica; sí su estrategia. Victorio Ramis, Emanuel Reynoso y Naza­reno Solis forman una línea ofensiva ­inédita (21 años de promedio), con las mismas obligaciones que los grandes.

Por eso el entrenador dice: “Nuestra gran meta es equiparar a todos físicamente y técnicamente. Hay lesionados y de mucho tiempo de recuperación”.

Talleres con Solis. En tres partidos, lo mejor fue el delantero que vino de Villa Dálmine: dos goles y dos asistencias. En principio, iba a ser alternativa a Araujo.

Finalmente el Instituto de Rivoira tiene la ventaja de saber a qué juega. No tener definición es un problema vigente (creó seis netas ante Atlético Paraná) tanto como la calidad de “testigo” que se asume en determinadas pelotas paradas que le cuestan puntos, como el viernes pasado. El plantel corto y la maduración de los propios (pibes y no tanto) sigue siendo un reto.

Instituto, ineficaz. Generó casi una decena de llegadas claras en dos partidos y no pudo anotar. ¿Lo mejor? Saber a qué se juega.

Arrancó Belgrano; antes Talleres e Instituto. Ilusión y realidad, aún no son parientes.

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