Cristian Pino: el primer par de botines y el sacrificio de sus padres
¿Quién no recuerda a su mamá vendiendo rifas para el semillero de Instituto en la puerta de Monumental o en la Agustina? Pino pudo tener su primer par de botines, y muchos más, gracias a ese sacrificio
Los días del Niño eran hermosos para Cristian Pino. Desde que tuvo uso razón, siempre fueron hermosos y futboleros. Y lo primero que le viene a la memoria, es el recuerdo de su madre Margarita. Está por encima de todos los goles que soñó de pibe y convirtió como profesional. En Instituto, Talleres, Panionios de Grecia, Rosario Central, Racing entre otros. Muchos días como el de hoy, los Pino los pasaban en una cancha. En un potrero, en la Agustina o en un estadio.
Con Margarita preparando la ropa, reuniendo peso por peso para la indumentaria, al igual que papá Miguel. Como ese primer par de botines, que le entregaron un día del Niño. "Tengo hermosos recuerdos de mi infancia. De celebrar muchos días del Niño junto a mis padres. Siempre a mi lado. Me acompañaban en lo que me hacía feliz, que era jugar al fútbol. Mis comienzos en el barrio donde jugaba desde que dejaba el delantal del colegio hasta que se hacía la noche. Mi madre Margarita siempre estaba a mi lado. Cada instante. Fue una persona maravillosa y no sólo porque era mi mamá, sino por todo lo que hacía y se hacía querer por la gente. La apreciaban en todos lados", dijo Pino, hoy ya retirado a Mundo D.
Quién no recuerda a la mamá de Pino vendiendo rifas en la puerta del Monumental de Alta Córdoba, de la misma manera que lo hacía en La Agustina, de la cual su hijo fue uno de sus mejores exponentes. Lo hacía para la división de su hijo como otros familiares. No todos tenían para la cuota y algo había qué hacer para que pudieran hacer los viajes o tener esos botines tan ansiados. "Mientras yo empezaba a jugar en las divisiones inferiores de Instituto, a los 10 años, ella me acompañó a cada entrenamiento. No falté nunca. Salíamos de casa a pie hasta la Agustina donde entrenaba. No importaba si hacía frío, calor, o si llovía. Con el tiempo comenzó a colaborar con las inferiores de Instituto cobrando las entradas en la Agustina los días de partido o vendiendo rifas para el semillero. Lo hacía para estar cerca de mí, pero así ayudaba a todos. Esos eran los mejores regalos. Mi papá también estuvo un tiempo colaborando con el club. Son cosas que jamás me voy a olvidar. Fueron muy importantes para mí. Les debo todo a ellos", agregó Pino.

Un día, cuando Pino empezaba su camino a la primera, les hizo una promesa, por tanto sacrificio y por todos esos días del Niño que tanto disfrutó con ellos. El jugaba para ellos, porque siempre los veía afuera de la cancha, y más adelante en las tribunas. "Siempre se sacrificaron. Juntaban moneda por moneda para comprar un par de botines o hacía rifas cuando tenía algún viaje con el club para que yo no me pierda esa oportunidad de viajar. Mi gran regalo para ellos fue haberles prometido que a los 18 años iba a jugar en primera y lo cumplí. Llegué a primera a esa edad. Como les había prometido", recordó el ex futbolista. Si Pino fue Pino, mucho tuvieron que ver esos días del Niño que vivía con Margarita.
