Cristian, el mendocino que se hizo hincha de Instituto
Se trata de Cristian Armoa, un mendocino que por su familia en Córdoba conoció a la Gloria y se enamoró. Cada vez que viene el club a Mendoza, está presente.
Cada vez que Instituto pisa suelo mendocino, hay un corazón que empieza a latir más fuerte y a quien la vida se le trastoca por esas horas de Gloria. Se trata de Cristian Armoa, mendocino de 30 años, que tiene una de esas historias particulares que envuelven el amor por un club casi de casualidad, pero que marcan a fuego.
Cristian tiene parientes en Córdoba, la familia Heredia, y con ellos pasaba cada verano. Fueron sus primos los que lo llevaron un día al Monumental de Alta Córdoba, cuando tenía 11 años. Y fue un antes y un después. Instituto lo enamoraría para siempre.
Por eso es normal que cada vez que la Gloria juega en Mendoza se aparezca en la previa para saludar a los jugadores y se presente como "el hincha mendocino de Instituto"."Y siempre me las arreglo para entrar a la cancha. Ponelo en la nota que no hay drama. Este viernes voy a estar", cuenta ante Mundo D.
Ahora, su historia.
“Como todo pibe del interior, nací y tenías que elegir entre Boca o de River. Me hicieron de Boca, pero tengo familia en Córdoba por lo que todos los años iba de vacaciones unos dos meses. A los 11 años me llevaron a ver Instituto. La primera vez que fui a una cancha fue a la de la Gloria. En esos años el fútbol mendocino no era muy vistoso, no había equipos en la B Nacional. Después de grande tampoco me simpatizó ninguno. Así que quedé enganchando con Instituto”, cuenta.
“Todos acá me preguntan por qué me hice hincha de la Gloria. Fue amor a primera vista desde esa vez que fui a la cancha. Yo tengo 30 años y siempre me la rebusqué para buscar información del club. Siempre tuve ese amor por Instituto y me quedó. Nunca le di bola a otros clubes. Ahora ya tengo una familia, dos hijos, pero cuando era soltero cada vez que podía me escapaba para ir a la cancha en viajes relámpago”, agrega Cristian.

“En el torneo que peleamos el ascenso con River yo era soltero, cada fin de semana me escapaba. Yo trabajaba en el diario Uno, hasta que un día me fui a Córdoba y no volví más. Perdí el trabajo y volví a Mendoza cuando Instituto jugaba acá contra Independiente Rivadavia. Fui al diario a cobrar lo que me debían, vi el partido y me volví a Córdoba. Estuve en el durísimo partido con Ferro, en la promoción con San Lorenzo… Ahora cada tanto que puedo me escapo, la Copa Argentina en San Juan fui a verlo… Y cuando vienen a Mendoza estoy siempre. Tengo la suerte de ir a los entrenamientos. Uno de grande lo disfruta y más con mis hijos, que ya de niños son hinchas de la Gloria. Se les hace difícil explicar en el colegio por qué son hinchas de Instituto”.
Su familia la componen su mujer Alejandra y sus dos hijos, Mateo y Román, ambos hinchas de la Gloria. “Con Instituto es como si fuese una mina. Fue amor a primera vista. Nunca más pisé otra cancha. A la distancia, sufro, puteo, lloro… como cualquier hincha. Me gustaría poder hacerme socio. Y sigo reclutando hinchas acá en Mendoza, ya somos unos seis, siete… Todavía no llegamos para armar la filial”, cierra Cristian, que trabaja en la administración de una empresa de venta y reparación de turbos compresores.
Este viernes estará en la tribuna, en algún rinconcito, sufriendo como siempre por sus amados colores. Esta vez sin tanta distancia que los separe. Pero siempre con su Instituto.