Carlos Tevez, el antihéroe
De carne y hueso. En tiempos de divismo y estrellas de Play Station, el delantero de Boca sorprende por su humildad, compromiso social y sentido común. Un crack que habla sin casete y cuyo secreto para llegar al éxito es uno solo: trabajar.
Hay un Carlos Tevez diferente. Distinto al que se fue del país hace 10 años. Un jugador que ganó mucho dinero, pero que entendió que los millones están mejor en el banco que en su cabeza. Un hombre que se volvió más completo. En todo sentido. Un crack que pulió sus enormes cualidades en los más difíciles escenarios de Inglaterra e Italia. Y que triunfó. Pero que un día, a los 31 años y en la cúspide de su carrera, decidió regresar para ofrecernos su talento vigente.
Tevez, el que adentro de la cancha sorprende con amagues y tiros imposibles, afuera nos deja “clavados” en el piso con una insobornable dosis de sentido común. Empezamos a descubrirlo en su nueva faceta. Lúcido, comprometido con su trabajo y preocupado por el país y su familia.
Si cualquier estrella mundial del ámbito que sea pide que doblen sus guardaespaldas para mantener a la gente alejada, “el Apache” clama lo opuesto. Se acerca al alambrado y se pasa una hora firmando autógrafos. “Los firmo porque cuando era chico no podía conseguirlos”, justifica. El hincha que invadió el campo será “protegido” por Tevez y hasta se llevará una camiseta de obsequio.
La entrevista de Alejandro Fantino en "Animales Sueltos" lo desnudó por completo. "Ir a comer con mis amigos del barrio no tiene precio. Algunos no tienen trabajo, pero no me dejan pagar. Eso me baja a la realidad", narró entre lágrimas. Fuerte Apache, donde forjó su carácter y gambetas, lo acerca a un país desigual. Las giras con Boca le permitieron descubrir que Argentina no termina en la General Paz. "En Formosa la gente se cagaba de hambre y nosotros en un hotel 5 estrellas que parecía Las Vegas. ¿En qué mundo estamos? Nos tenemos que dar cuenta", pidió.
Coqueteó con Daniel Scioli, con quien jugó al fútbol. Pero la foto fue con el macrista Daniel Angelici, el que lo trajo a Boca. Consciente de que su imagen es un imán para políticos en campaña, toma distancia y critica. “En el interior, quiero ir a un hospital y le pido seguridad a los intendentes. Me dicen que me la dan pero que quieren sacarse una foto conmigo y cuando les digo que no, me cancelan la seguridad”.
Entre anécdotas y reflexiones, deja un mensaje. Ahí es cuando abandona la sonrisa infantil y la seriedad lo envuelve. “Al talento tenés que alimentarlo. Si pateás 500 pelotas con la zurda, va a llegar un momento en el que le vas a pegar mejor que con la derecha. Messi y Cristiano Ronaldo hacen goles porque entrenan tiros libres”.
Para él, el trabajo está antes que el éxito. “Si me hubiese ido toda la vida de joda, no hubiese sido lo que soy hoy”, destacó.
El que una vez instalado de vuelta en Buenos Aires se sorprendió porque ninguno de sus compañeros de Boca almorzaba en el club. Después del entrenamiento, varios preferían pasar por una parrilla antes dormir una siesta. Él convenció con su ejemplo. Ahora, los caudillos como Gago, Orion o “Cata” Díaz alientan a los más jóvenes a comer sano y bien.
Le sobra liderazgo y puede transformar su influencia en algo trascendente. “Me gustaría ser presidente de Boca, pero me tengo que preparar, no puedo serlo sólo porque le caigo bien a la gente”, advirtió.
No reniega de Argentina, pero trajo hábitos de la cultura europea. Fue preso por conducir sin carné en Manchester y limpió calles para cumplir su pena. Es una anécdota, pero que le dejó profunda enseñanza. No hay privilegios para las estrellas. “¿Por qué no voy a ir preso si no cumplo las reglas?”, se preguntó.
“Nos va a mejorar a todos”, predijo el entrenador de Boca Rodolfo Arruabarrena. Ojalá su mensaje impregne a toda la sociedad.