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Brasil-Argentina, por Eliminatorias: Belo Horizonte, entre el fantasma y la ilusión

Brasil, que vuelve a jugar en el Mineirao tras el 1-7 ante Alemania en 2014, quiere complicarle la clasificación a Argentina.

10 de noviembre de 2016 a las 09:59 a. m.
Brasil-Argentina, por Eliminatorias: Belo Horizonte, entre el fantasma y la ilusión
Brasil vuelve al lugar donde recibió la peor paliza de su historia.

Brasil regresa a la escena del crimen. A 858 días del lapidario 7-1 que Alemania le propinó en el Mundial de 2014, el pentacampeón vuelve a jugar en el Mineirao, el escenario de una de las derrotas más dolorosas del fútbol brasileño. Y aunque ese mal recuerdo ya es parte del pasado, en Belo Horizonte nadie olvida aquella paliza y sueñan con que a partir de esta noche se comience a escribir una nueva historia.

Al 7-1 lo mencionan todos y en cualquier lugar. No hace falta que aparezca un grupito de argentinos gritando el "ooohhh, se comieron siete, les rompieron…". El fantasma está presente de todos modos. Lo nombran los taxistas, los recepcionistas de los hoteles, los futboleros de alma y los que hace poco se enteraron que la "verdeamarelha" vuelve a jugar en BH. Pero enfrente estará nada más y nada menos que Argentina, su histórico y clásico rival. Nuestra selección llega en baja y con la imperiosa necesidad de sumar puntos para volver a meterse entre los que se clasifican a Rusia 2018. Por eso el deseo de ganar para los brasileños es doble: "Queremos dejarlos sin Mundial", repiten algunos "garotos", que coinciden en que fue estratégico el plan que armó la Confederación Brasileña de Fútbol para reconstruir los lazos entre los hinchas y su selección. 

Tras el porrazo sufrido en el Mundial, "la Canarinha" optó por comenzar sus partidos de eliminatorias jugando en el norte del país, en lugares pocos habituados a recibir la selección. De esa manera, empezó a reconstruirse la relación en los partidos en Fortaleza (contra Perú), Salvador (Venezuela), Recife (Uruguay), Natal (Bolivia) y Manaos (Colombia). Ahora será el turno de Belo Horizonte en el Mineirao, cuyo campo de juego no luce en óptimas condiciones. Y para 2017 Brasil volverá a jugar en las dos ciudades donde más partidos acumula: Río de Janeiro y San Pablo.

Entre espinas y rosas

El nombre lo dice todo: Belo Horizonte, que significa “bello horizonte”, goza de vistas privilegiadas de las montañas circundantes. Se construyó hace cerca de un siglo como una ciudad planificada, con calles arboladas dispuestas en un diseño urbanístico muy particular.

La arquitectura moderna brasileña del barrio de Pampulha se conjuga a la perfección con el aire puro que se respira en el Parque das Mangabeiras o con las obras del reconocido arquitecto Oscar Niemeyer. Y por estas horas esos lugares tienen una particularidad: en la mayoría de ellos la gente a uno le habla del partido de esta noche al darse cuenta del acento “argento”.

Pero no todo es fútbol para los brasileños. Si bien dolió el 1-7 ante Alemania, son varios en Belo Horizonte los que recuerdan que a días del comienzo del Mundial se cayó un puente que acababan de construir en una transitada avenida del norte de esa ciudad. El accidente dejó ocho muertos y varios heridos en las cercanías del predio Cidade do Galo, donde se alojó el seleccionado argentino durante el Mundial y donde trabajó a la espera del juego de hoy.

Igual el foco está puesto en lo que ocurrirá esta noche. Brasil, que suma cuatro victorias en fila y que nunca en la historia perdió un partido como local en eliminatorias, llega como el gran favorito. “Somos pocos los valientes que vinimos, pero mientras esté Messi en cancha no nos gana nadie”, se animó a decir un argentino en diálogo con este periodista a minutos de subirse al avión que unió Río de Janeiro con Belo Horizonte. Y quizá tenga razón. Con “Lío” en cancha, Argentina lleva mucho tiempo sin perder un partido en los 90 minutos (cayó en un alargue y luego por penales).

La mesa está servida. Sólo resta saber si nuestra selección volverá a morder el polvo en tierras brasileñas o saboreará el dulce gusto de meter un triunfo histórico.