Brasil 2014: segunda invasión a Río de Janeiro, pero ahora por la gran final
Calculan que unos 100 mil argentinos vivirán la final del Mundial en Río, ciudad a la que vuelven desde el debut con Bosnia. Los locales ya se olvidaron de la Copa y piensan en lo que vendrá.
Nilneche cobra los pasajes en el colectivo 126 que va de Copacabana a Botafogo. Dice que no quiere escuchar el "Brasil, decime qué se siente" y que su país ha dado vergüenza en esta Copa. Va y viene por Río de Janeiro cada día, sufre y disfruta la ciudad pero, como millones de compatriotas, no asistió a ningún partido porque "eran muy caros".
Mientras, miles de argentinos (algunos cálculos hablan de hasta 100 mil) siguen llegando a Río. Primero fueron alojados en el Sambódromo, pero rápidamente se llenó. Desde ayer, los localizan en varios playones y campings de la ciudad. Y tampoco parece alcanzar. La locura promete una invasión nunca vista, y habrá un operativo de seguridad inédito.
La final del Mundial se jugará mañana desde las 16, en el Maracaná. La protagonizarán Argentina y Alemania, en busca de un título que ya ganaron las dos selecciones. Será un duelo apasionante, que contará con tribunas llenas de fanáticos. Muchos argentinos, otros tantos alemanes y también, brasileños.
Un epílogo que deja un gusto amargo en los locales. El pueblo anfitrión ha quedado afuera. Para los brasileños, este Mundial está acabado después del 7 a 1 ante Alemania.

"Ese resultado es una vergüenza, una mancha que permanecerá por mucho tiempo en nuestra memoria", le dice a Mundo D Fabricio Gomes, profesor de Historia en la Facultad Cenecista da Ilha do Governador.
“Mucho se habla sobre la vergüenza de 1950, en el Maracanazo, pero el 7 a 1 es más doloroso porque no hubo juego, no hubo disputa. Políticamente, creo que va a impactar negativamente en el gobierno. Antes de la Copa, Brasil ya vivía un ambiente social complicado. Ahora, la goleada generó un nuevo malestar”, agrega Gomes.
"Antes de la Copa, Brasil ya vivía un ambiente social complicado. Ahora, la goleada generó un nuevo malestar", agrega Gomes.
Río es el último escenario. La vida sigue y las calles parecen haber escondido todo lo que podría indicar que acá se jugará la final.
“El Mundial impactó positivamente en la integración con los turistas, pero cuando esto termine los problemas crónicos, que no se fueron, volverán a aparecer”, responde este carioca que se reconoce “torcedor” de la selección.
La integración de la que habla Gomes se ve a cada paso. Hay buen clima entre los extranjeros y los nativos. Las referencias argentinas hacia la goleada no cambian el humor brasileño, y la posibilidad de que Messi levante la Copa no logró cambiarlo. Excepto por una cuestión. La canción; la famosa canción del "Brasil, decime qué se siente…".
"Conozco la canción –dice Gomes– y es como una provocación. Vemos a los argentinos como enemigos (deportivamente hablando, claro), pero particularmente admiro el comportamiento de sus hinchas, que fueron a todos los partidos, se movilizaron para la Copa y alentaron fervorosamente".
Dijo que siente una sana envidia: "Envidiamos el comportamiento de su gente. Debemos emular a los hinchas argentinos".
Río, una fortalezaLa buena onda siempre está, pero por las dudas el gobierno no quiere dejarse sorprender. Por eso, ayer se anunció que 26 mil policías estarán en el operativo.
"El esquema de seguridad para la final de la Copa será el más grande que Brasil jamás vio", dijo el secretario de Seguridad, José Beltrame, en conferencia de prensa.
A Nilneche no le sorprende. Dice que estas cosas pasan porque se juega la Copa y que, como afirmaba Gomes, después volverán las dificultades de siempre. "Para nosotros, este Mundial ya terminó. Ahora, la vida sigue", afirma y vuelve a su trabajo.