Boca y River: a su grandeza, le suman vergüenza
Aspirar a que en el fútbol argentino sean habituales imágenes como las que se vieron ayer en el Vicente Calderón en el decisivo Atlético de Madrid-Barcelona puede sonar tan naif como improbable. Buena parte de los hinchas del "Aleti" aplaudió de pie a Iniesta, símbolo del "Barsa", cuando fue sustituido, y al rival, que se coronó campeón. Da sana envidia, sin caer en el facilismo de creer que todo lo ajeno es mejor que lo nuestro, algo lejos de ser real. En otras ligas de primer nivel también se producen hechos repudiables como los vividos en La Boca.
Sin embargo, la sensación es que por estas tierras nunca se termina de caer, que siempre estamos expuestos a que suceda algo peor.
Hace cuatro años, en ocasión de la promoción entre River y Belgrano, “hinchas” millonarios rompieron el alambrado olímpico en Alberdi y entraron a agredir a sus jugadores. En Núñez, además de apretar al árbitro, con el descenso riverplatense consumado hubo destrozos por doquier. El jueves, la vergüenza se apoderó de la Ribera. Algo igualó esas barbaries: las sanciones fueron insuficientes.
Boca y River son por muchos motivos nuestros clubes más representativos en el mundo, pero para desgracia de ellos, a su grandeza desde hace un tiempo le sumaron páginas bochornosas.