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Belgrano y un festejo que durará mucho tiempo

El vestuario de la "B" fue pura alegría. Mundo D te cuenta cómo se vivió el ascenso puertas adentro.

27 de junio de 2011 a las 09:48 a. m.
Joaquín Aguirre / Especial (Buenos Aires)
Belgrano y un festejo que durará mucho tiempo

El cielo y el infierno. Un abismo separaba el espíritu de Belgrano y River ayer, en la gélida tarde de Núñez. No bien Pezzotta dio por terminado el partido, los cordobeses se fundieron en un abrazo que incluyó jugadores, cuerpo técnico y asistentes.

Tras ello, corrieron rápidamente a continuar festejando en el vestuario. En esa suerte de escape para resguardar su integridad física, el juvenil Giuliano Bardín recibió un pedazo de butaca que le produjo un pequeño corte en el rostro. Pero al delantero no le importó.

Fue uno de los más eufóricos –redoblante en mano– a la hora de celebrar. "Belgrano ya salió campeón, se lo dedicamo a todos la re p... que lo re p...", fue uno de los hit en el vestuario celeste.

Corrió agua por todos lados. Los extranjeros Ribair Rodríguez y Mauricio Casierra se colgaron las banderas de sus países “a lo Superman” y las exhibían orgullosos. Iván Etevenaux filmaba todo con su celular. “Chiqui” Pérez no paraba de gritar. Olave contaba una y mil veces la hazaña del penal.

“Recé tres veces antes de atajarlo. El de arriba me indicó que me tirara a la derecha”, dijo el arquero al borde de las lágrimas y exhibiendo una remera con la imagen de Jesús. “Esta es la bandaaaaa de los piratas... se mueve paaaaara acá, se mueve paaaaaara allá, esta es la banda más loca que hay”, entonaba ese vestuario en el que Zielinski participaba del festejo pero con mesura, fiel a su estilo.

“Nos debe un asado. Todos los que llegan nuevos lo pagan y él nos lo debe. Aunque si prometió un premio no creo que sea un asadito”, dijo Maldonado, uno de los más exultantes.

“Esto es un grupo de amigos. La unión de este grupo fue fundamental. Es un privilegio dirigirlos”, contó Zielinski.

Armando Pérez debió aguardar un tiempo para sumarse a los festejos. Es que por precaución no lo dejaron bajar del palco de autoridades. Paradojas que tiene el fútbol. El Pirata era todo alegría mientras que sus rivales debieron escapar como ladrones y los hinchas destruyeron todo lo que tuvieron a su alcance.

Los 2.500 cordobeses que se ubicaron en la tribuna Centenario lo vivieron de forma particular. Por casi tres horas debieron quedarse inmóviles, mientras los de River dejaban el estadio. Pero tuvieron su premio cuando los jugadores salieron nuevamente al césped y les ofrendaron un triunfo histórico.