Belgrano y Talleres, adentro y afuera
La B y la T juegan el miércoles un clásico con un desafío doble: el deportivo y el de demostrar que el fútbol de Córdoba vive tiempos de paz.
Al fútbol cordobés le hace muy bien que sus dos clubes más populares participen con protagonismo en las categorías donde les toca estar.
Belgrano sigue aferrado a la meta realista que pregona desde que ascendió a Primera División: dar pasos seguros para consolidarse, algo que cumple mientras transita su segunda temporada en la A desde que le ganó aquella histórica promoción a River.
Talleres alimenta en base a resultados su ilusión de ascenso a la B Nacional: fue primero en la etapa clasificatoria del Argentino A y el sábado ganó la primera de las 10 finales que debe afrontar.
Pese a la diferencia de divisional, en ese objetivo deportivo se parecen tanto en la competitividad como en la seguridad de que saben que deben dar el máximo para evitar contratiempos.
La “B” y la “T” son hoy, con Sportivo Belgrano, los abanderados de Córdoba, que espera que a Instituto, Racing, Alumni, Juniors y el resto de sus clubes afistas les vaya mejor.
El miércoles, celestes y albiazules vuelven a cruzarse en un clásico (en forma oficial después de cuatro años) y tienen un doble desafío.
Uno, dentro del campo de juego, que será pasar a la próxima ronda de la Copa Argentina. Otro, fuera de la cancha, que se relaciona con la necesidad de repetir la fiesta en paz que montaron en enero pasado, pero intentar que la misma sea completa, porque vale recordar que en aquel partido por la Copa Córdoba hubo un par de manchas que obligaron a hablar de aspectos extradeportivos.
Es cierto que hace muchos años que no se cronican enfrentamientos directos entre hinchas piratas y matadores y que la última puesta en escena fue casi ejemplar en un fútbol argentino que cada vez se codea con más habitualidad y peligrosidad con la violencia.
Pero ante este flagelo, que casi a diario escribe una nueva página negra, relajarse es perder.
Por eso, el fútbol cordobés debe estar alerta para ahuyentar disgustos. Y el miércoles tiene otra gran chance para que todo salga mejor que antes.

