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Belgrano todavía tiene que cruzar el desierto

El arranque de campaña del equipo ilusiona a todos aunque la mesura de sus protagonistas es una buena señal. de eso trata la columna Desde Adentro.

27 de febrero de 2022 a las 08:10 a. m.
Belgrano todavía tiene que cruzar el desierto
El arranque de campaña de Belgrano ilusiona a todos aunque la mesura de sus protagonistas es una buena señal. (Prensa Belgrano)

Es tiempo de estar satisfecho en Belgrano, pero no relajado, por el comienzo promisorio que han ofrecido sus triunfos en los partidos iniciales de la Primera Nacional. Este arranque auspicioso se asemeja al de la temporada anterior, en el que tres victorias al hilo (frente a Tigre, Alvarado y Estudiantes de Caseros) hicieron creer a más de un hincha algo que finalmente no pudo ser. En 2021, los celestes no ingresaron en la fase del certamen que otorgaba un segundo ascenso a la categoría superior.

Lo mostrado hasta ahora genera un optimismo mesurado. Un gol en cada partido y la valla invicta; un equipo generoso en el sacrificio y algunas individualidades en buen nivel, son, hasta ahora, sus principales valores.

Sin embargo, su propuesta, sin perseguir utopías, está lejos de lo superlativo, o al menos de lo que un equipo debe mostrar como para ser mirado como firme candidato.

Es lógico evaluar a los celestes según las imperfecciones que muestran todos los equipos en el inicio de la temporada. De la misma manera, también hay que subrayar algunos aspectos que harán ir con ganas esta noche a sus hinchas al Gigante.

El más evidente es que por aquella experiencia trunca de quedar fuera de concurso antes de tiempo, sus jugadores (los que ya estaban y los que llegaron como refuerzos) han reflejado un fuerte compromiso profesional, que se expresa en la actitud solidaria de correr cuando no se puede jugar bien, de luchar por conseguir la pelota cuando la tiene más tiempo el rival, y de defender con uñas y dientes (desde el arquero hasta el goleador Pablo Vegetti) los goles que han sido los de sus triunfos, tal como si fuera un encuentro definitorio.

En esa línea de análisis, bien se puede decir que por condiciones futbolísticas pero más por su temperamento y ambición, Vegetti es claramente el líder del grupo; la locomotora que moviliza la ilusión en el club de Alberdi, que incluye hasta su ultimo compañero.

El deseo de ganar del goleador, muchas veces expresado al límite de lo reglamentario, contagia en el césped y en la tribuna, impulsa los ánimos hacia las nubes y parece abrir el horizonte hacia el mejor destino.

En el plano más específico, Nahuel Losada, con sus buenas respuestas, ha enfrentado con solvencia las dudas que sobrevolaban La Rioja y Arturo Orgáz sobre si era capaz de sostenerse en un puesto clave, flaco de respuestas sólidas desde la salida de Juan Carlos Olave.

La defensa, desde Barinaga hasta Oliver ha respondido con sobriedad, sin pasar grandes sobresaltos, mientras que el medio campo (Miño, Longo, Rojas y Zapelli) parece remitir a aquella prestación utilitaria que ofrecían el mismo Guillermo Farré, y en el que junto a César Mansanelli o Ribair Rodríguez, Esteban González y hasta el mismo “Mudo Vázquez” (cuando Ricardo Zielinski lo convenció de la necesidad de plegarse al esfuerzo colectivo) trajinaban con entusiasmo ese sector del campo aliviando la carga de trabajo de los defensores.

Lo de Vegetti en su rol de delantero, se insiste, marca el rumbo. Persistente en su afán de tomar contacto con la red, indómito a veces en ese sentido, ha encontrado una buena compañía en Joaquín Susvielles, grandote como él, también recurrente en su tozudez para ir hacia adelante.

El valor agregado es Bruno Zapelli. En la medida que sus luces no titilen, el talento natural que le brota desde sus botines será uno de los mejores argumentos para pensar que todo lo bueno que se desea, finalmente pueda conseguirse.

Pero para eso falta mucho. Belgrano todavía tiene que cruzar el desierto.