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Belgrano, silbando bajito y sin jugar todas sus fichas

01 de abril de 2019 a las 10:00 a. m.
Belgrano, silbando bajito y sin jugar todas sus fichas
EN FALTA. A Osella y los suyos les faltó audacia, justo cuando el momento exigía revulsivos. (Federico López Claro / La Voz)

Es trillado el argumento de que el descenso es la consecuencia de un proceso de tres años. Para justificar esa "verdad a medias", durante esta semana de agonía para Belgrano serán moneda corriente las conjeturas sobre el "quiebre" que marcó el alejamiento de Ricardo Zielinski, o disparatados conceptos culpando a la biblioteca del club o a las clases de cajón peruano de la debacle del primer equipo.

La realidad es que el Pirata está con un pie y medio en la B Nacional porque no tuvo ambición. No la tuvo la dirigencia a la hora de elegir los “refuerzos de jerarquía” tan reclamados, quizá porque entendió que, en tiempos de tanta inestabilidad económica, la sustentabilidad era prioritaria.

Sin embargo, reducir la ambición a una cuestión de “presupuesto” no alcanza (de hecho, varios de los clubes que compiten con el Pirata gastan bastante menos). Fundamentalmente, la ambición es un atributo personal que estuvo ausente en el entrenador y en los jugadores.

El fútbol argentino es tan generoso que les permite a futbolistas sin talento jugar en Primera. Ocurre en casi todos los clubes. Pero lo que no permite esta competencia es tener miedo. Y a Osella y los suyos les faltó audacia, justo cuando el momento exigía revulsivos.

Otras tres veces en su historia Belgrano mordió el polvo del descenso, pero nunca antes lo había hecho con tanta indolencia y con la guardia tan baja en la cancha, ni tampoco con tantas fichas en el bolsillo que quedarán sin jugarse después de que la última bola busque un casillero al grito de “no va más”.